Poemario NO TARDES EN VOLVER A LA CRISTALERA DEL TIEMPO, de Virtudes Reza. EDITORIAL LEDORIA

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El círculo alquímico, de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-95690-73-9. A la venta en enero.
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martes, 7 de abril de 2009

De puentes y silencios, de Paco Gómez

Pues anda, que no le ha quedado bonito el artículo sobre el silencio a mi amiga Virtudes, la Niña Poeta, la niña de Algeciras. Y la ilustración, una fotografía que sacamos en la Almoraima, es tremendamente significativa, por lo simbólico de los puentes. A mí no se me había ocurrido ver el asunto desde esa perspectiva, la del maltrato del silencio, pero ella es así de original y talentosa. Y lleva mucha razón, en todo lo que dice. Seguramente, todos hemos sufrido alguna vez ese maltrato: de un amigo, de un conocido, de un compañero, de la pareja... Y qué mal se pasa, como me decía ella ayer mismo, cuando llamas a alguien a quien quieres y no te cogen el teléfono, o cuando notas que te hacen el vacío, o que te dan de lado.

Veo la fotografía del puente como eso, como un puente entre dos percepciones, entre dos sensibilidades, entre dos personas. A veces, nadie cruza el puente, pero otras, alguien da el paso. Si no se cruza es por miedo, miedo a ser ignorado, como ocurre en tantas ocasiones, miedo al maltrato del silencio. Pero opto por arriesgar. Prefiero dar el paso a quedarme preguntándome toda la vida “qué habría pasado si...”, salvo que sepa positivamente que aunque dé el paso voy a encontrarme con el mencionado maltrato, tampoco soy tendente a hacer el ridículo.

Un puente simboliza muchas cosas. También puede significar el espacio que se abre entre dos personas con el paso del tiempo, un puente de incomunicación del que ni siquiera sabes cuándo empezó a tenderse ni por qué y que, a veces, resulta ya insalvable.

Pero también puede simbolizar el paso a otra vida, una vida nueva después de una vida monótona e insostenible.

Me quedo con esta última visión, la más optimista de las que he descrito. Y espero que tú, Niña, hagas lo propio. Lo dicho, nunca pierdas mi número de móvil.

lunes, 6 de abril de 2009

El monólogo del silencio, de Virtudes Reza

El hombre es palabra, la mujer es palabra. Palabra viva de sentimientos, de alegrías, de penas, de desdichas......Siempre hay algo que contar, y siempre habrá alguien a quien contar, aunque no se sepa cómo. Pero, ¿qué me dicen del silencio? Esa otra forma de hablar, aunque no siempre sea así, porque el silencio puede ser un lenguaje, pero un lenguaje a distancias cortas, un lenguaje consentido y pactado por dos. Pero cuando se rompe este pacto, y es uno el que decide el silencio, pasa a ser un monólogo,  “el monólogo del silencio”. Si además le añadimos distancia, ese silencio pasará a ser  “el monólogo del silencio lejano”. Silencios en miradas o silencios en gestos, o silencios en soledad, en fin, el silencio, puede ser bueno para una persona, pero no siempre tiene por qué ser así; silencios en una ruptura, o silencios en un aplazamiento, o silencios hablados, es decir, hablar sin decir nada. Sólo silencios... Pero, ¿qué me dicen del maltrato del silencio? Sí, “maltrato”, ese silencio monoparental, en el que no hablas con el ser supuestamente amado,¡esto sí que es grave! Esa indiferencia, ese desprecio, cuando se ha compartido tanto, cuando se ha sido uno, cuando se ha dado todo para recibir solo migajas, sólo silencio otorgado. Sí señores, existe “el maltratador/a del silencio”, esa figura que vive a la sombra de una vida aparentemente normal, pero que de normal tiene poco, y que no tiene conciencia del daño que provoca. Hay peor sentimiento que negar la palabra a quien tiene oídos, hay peor sentimiento que negar un hola, un adiós o un te quiero a quien tiene oídos. Puede ser que sí, por ejemplo negar la amistad si se es amigo/a, o negar el amor si se ama, o estar con alguien a quien no se ama, la lástima es una forma de silencio, de maltrato a través del silencio, estar por estar, sin convicción. Bueno, y no digamos menos, hacer creer a alguien que es amado, pero dejaremos esto para otro artículo ¡Reflexionen sobre el silencio, pero no lo hagan en silencio!

Triste, de Paco Gómez

Hoy toca estar triste,

y aunque me resisto,

la sensación me invade,

no me entrego,

pero me coge,

me da pena,

pero de nada vale,

te equivocaste

y vuelves a equivocarte.

Te quise,

como no he querido a nadie,

creí demostrártelo,

pero no fue suficiente,

exigías y exigías,

¿qué ofrecías a cambio?

Reproches y más reproches.

 

Hoy toca estar triste,

ni entendí nada

ni entiendo nada.

Habría seguido contigo hasta siempre,

pero hacías que me desenamorara,

con tus palabras,

con tus acciones,

con tus traiciones,

con tu certero placaje,

con tus absurdas sospechas.

Me perdías, te perdía,

y no hicimos nada,

sólo gritarnos,

increparnos sin tregua.

Te quise más que a nadie,

pero confundiste amor con esclavitud,

amor con sometimiento.

 

Hoy toca estar triste,

melancólico, con pena,

porque te quise más que a nadie.

No creas que te he olvidado,

hay cosas que no se olvidan,

pero no podíamos seguir destrozándonos,

yo no pude más,

no soportaba tus amonestaciones,

ni que airearas nuestras intimidades,

y yo callado, como una tumba,

y ahogando mis penas,

y tus incomprensiones,

que, para ti,

eran mis incomprensiones,

hacia ti,

hacia tu forma de vida.

La tristeza ya está aquí,

pero no hay resentimiento,

ojalá que seas feliz,

todo lo feliz que yo intenté que fueras,

y que no conseguí,

porque no me dejaste,

o, quizá, porque no lo conseguí,

porque no supe,

quién sabe.

Huecos, de Virtudes Reza

Huecos vacíos,
huecos llenos,
de intenciones vacías,
de ilusiones vacías,
de trastos vacíos.

Llenando cuerpos,
vaciando cuerpos,
rociando cuerpos,
de sudor no deseado,
de sustancias engendradas,
del deseo de otro cuerpo,
de otra piel,
de otra sangre,
de otro veneno.

Manos de pensamientos,
prostituidos por el contrato,
firmado por despecho,
no roto por remordimiento,
condena fiel a valores,
que no siento,
que no respiro,
que no quiero respirar.

Contratos olvidados,
caricias obligadas,
permitiendo el entierro de los sentidos,
que vibran con otras palabras,
en boca callada,
en el miedo descubierto.

Juegos de cuerpos entrelazados,
buscando quizás,
el daño intencionado,
para aprender a olvidar,
lo que no se puede olvidar,
en el recuerdo nostálgico.

Imágenes no vistas,
en el lecho,
de un crimen visceral,
en la agonía del capítulo no terminado,
de muerte lenta,
cámara lenta del movimiento deseado,
en el cártel que anuncia,
un latido lejano.

Imágenes intuidas,
en el devenir enfrascado,
mareados por menta,
en la mala hierba,
de la entrepierna.
Huecos vacíos,
huecos llenos,
en los resquicios del dolor,
sin lamento,
sin voz,
sin lágrimas,
sólo muerte hueca,
para huecos muertos.

Muero, de Paco Gómez

Muero un poco cada día,

si te veo triste,

si no remontas el vuelo,

si veo tus lágrimas,

si no contemplo tu alegre sonrisa.

 

Muero cuando te asaltan oscuros pensamientos,

cuando me miras

desde el fondo de tus sentimientos,

desde el interior de tu tormenta,

cuando se desata el fuego.

 

Muero en la tristeza de tus ojos,

en el despertar de tu dolor incierto,

en los recovecos de tu pena,

que se va por los rincones

de la calle de la tristeza.

 

Muero en el tren de tu melancolía,

en el valle de tu alegría dormida,

en el fondo de tu corazón dolorido

que late con cadencia abatida,

entre oscuras tendencias.

 

Muero, sí, me muero,

cuando escucho tu voz cansada,

cuando te veo apesadumbrada,

por esos sueños fallidos

que te dejaron frustrada.

 

Muero en cada mirada apagada,

en la ausencia de tu regocijo,

en tus ausentes atisbos,

en tus caricias veladas

que se pierden en el olvido.

 

Muero, me muero de forma insuficiente,

capto el maremoto de tus dudas,

dudas pasadas y presentes,

que no dejan vivir,

que no tienen fin.

 

Muero en cada lágrima,

en cada frustración,

en cada sonrisa malograda,

en la avenida del amor

de las farolas apagadas.

Pájaros oscuros, de Paco Gómez

Pájaros oscuros que voláis sin rumbo,

que me atormentáis sin tregua,

que hincáis vuestras garras en mi alma,

que picáis las migajas de mi espíritu,

y desgarráis mis entrañas,

y me insufláis pensamientos malignos,

abandonad vuestra labor,

poned fin a la caza de mi ser,

dejadme pensar en el descanso eterno,

¡volad! ¡Sobrevolad el Infierno!

Pero no me lo traigáis,

yo, ya, bastante tengo.

 

Pájaros oscuros del profundo Averno,

ya no os temo, pero estoy cansado,

ya no soporto las recurrentes pesadillas,

las noches negras de insomnio,

la oscura luna de plata,

los filamentos secretos,

que guían vuestra malvada ruta,

vuestros perversos planes de vuelo,

lo he perdido todo,

mi vida y mi reposo perpetuo,

desclavadme las astillas,

de mi corazón sempiterno.

 

Medito sobre el fuego,

ya no me quemo,

mi alma es de amianto,

mi cerebro está hueco,

vacío de pensamientos ostentosos,

inundado de canales fétidos,

medito con la mente soliviantada,

camino levitando sobre el asfalto espeso,

humeante y maloliente,

y no me encuentro,

sólo alcanzo a ver vuestro siniestro vuelo

de pájaros de mal agüero.

 

Pájaros oscuros de aciagas sombras,

que proyectáis sobre mí la podredumbre,

que me hacéis sudar sangre,

dadme una licencia,

licencia para transgredir esta infausta existencia,

y traspasar el umbral de lo banal, de lo ingrato.

Avanzar por senderos de miseria

no me reporta nada

sino más putrefacción, más hedor,

más tormento infructuoso,

¿dónde está la luz?

Ya no lo recuerdo.

 

Pájaros oscuros del negro cielo,

que descendéis sobre mí como posesos

ávidos de mi carne y de mi espíritu,

ya no me que da ni un gota de cordura,

no hablemos de la razón,

olvidada en alguna esquina

de este sendero de lágrimas,

ojalá encuentre pronto mi destino,

ojalá aún esté a tiempo de entrar en el túnel

y ver el halo luminoso de la escapatoria indemne,

libre, libre por fin,

de vuestro plan de vuelo infernal.

domingo, 5 de abril de 2009

Corazón imposible, de Virtudes Reza


Quiero ver la mano de un Dios misericordioso,
quiero ver la luz,
entre las sombras de mi casa,
y quiero redimir la condena maldita de no verte.

En el aura de tu presencia,
me tiendes la mano,
y me alzo de puntillas,
para no llegar en este intento,
fallido en la debilidad del cuerpo,
y en la nulidad de la mente.

Sólo palpita el corazón que veo,
un corazón de centro austero,
clavado de espinas,
en esta vida redentora,
de oro viejo,
y viejas odas.

Sólo veo tu mano,
mi señor,
señalando el pecho,
la otra me llama,
más, sigo sin alcanzar,
la salvación de mi alma.

Alzado en la túnica,
en la ceguera de muchos,
¡ay corazón!
Líbrame de lo imposible,
de lo imposible en la tierra,
de lo imposible del tiempo,
de lo imposible del amor,
de lo imposible de la palabra imposible.

Cógeme de la mano,
y no dejes de mirarme,
porque tus ojos,
dan calma a la ansiedad de la pérdida,
y cúbreme de tu áurea
llévame al azul,
al lago sereno,
donde permaneceré sin dolor.

Cálzame en tus pies,
en las nubes blancas,
de tu casa,
y sostén mi cuerpo muerto,
en la dimensión de la nada.

Abraza el alma que pierdo,
y acoge el sentimiento puro,
entre maderas de cerezo,
en la esfera de tu reino,
en la corona de tu pensamiento.

Seca las lágrimas,
de la lepra mundana,
y recógeme en estigma perpetuo,
en el regocijo de tus ojos cálidos,
de la paz infinita,
eterna en el túnel,
donde agoto todas las vidas.

Vuelvo, de Virtudes Reza

Lloro en mi silencio abandonado,
lloro en la despedida macabra y meditada,
premeditada sin remedio.

Vuelvo al punto de partida,
en un diciembre inesperado,
de inesperados meses venideros,
en la soledad que sentía,
en la misma soledad que siento,
en el vacío de una vida buscándote,
en el vacío de haberte encontrado,
en el vacío de haberte perdido.

Vuelvo al punto de partida,
de las horas solas,
de los besos solos,
de las caricias solitarias,
a una silueta,
a un cuerpo,
a una voz,
que no veía,
que no veo.

Vuelvo perdida,
más perdida,
derrotada en la perdición,
de sombras que hacen daño,
en un foro inesperado,
perdido en la red de los sueños,
maldito en consecuencias,
en la desolación de un amor,
suspirante de manos entrelazadas.

No imaginas lo que siento,
la impotencia reprimida,
lo que oculta mi anhelo,
lo que oculta mi risa,
lo que ocultan mis palabras,
lo que oculta mi rostro,
palabras que no digo,
pero pienso,
palabras que siento,
lo que diría al viento,
que te llevara un te quiero.

¿Puedo reír?
Sí,
puedo reír,
¿puedo hablar?
Sí,
puedo hablar,
¿a qué precio?
Son nichos en un cementerio,
puedes reír,
puedes hablar,
¿puedes vivir?
Yo sólo vuelvo al punto de partida,
a lanzas de un corazón maltrecho,
a ojos que sólo ven tu aroma,
a manos que sólo tocan tu cuerpo,
a risas provocadas por tus versos.

Vuelvo a la ausencia,
a la alegría de haberte encontrado,
al dolor de haberte perdido,
a la esperanza de recuperarte,
porque sin ti muero,
y quiero morir contigo,
vivir tus gestos,
vivir tus penas,
tus alegrías,
tu vida.

Disimular que puedo,
lo que ven que no tengo,
pero vuelvo a la ausencia,
a la soledad,
sin risas públicas,
sólo llanto sabido,
inconsolable,
al llanto de una pérdida,
remediable en el tiempo,
para escuchar el canto de un pájaro,
en el fondo de un móvil,
para escuchar mil latidos,
mil suspiros,
mil gotas de lluvia en tu pelo,
y sentir la canela de tu reflejo,
y otra llamada llena de sabores dulces,
de dulces te quieros.

Hija del agobio, de Paco Gómez

Sueños malditos que me atormentáis,

lo mismo despierta que dormida,

ya no pienso, ya no recuerdo,

pero siento la opresión,

es algo físico,

no puedo evitarlo,

trizas del amor,

que como finos cristales

me pinchan,

me hacen daño,

y tengo que marchar,

tengo que salir,

tengo que huir,

hacia ninguna parte,

hacia todas partes,

te necesito,

sé que estás,

y te busco y te encuentro,

me das la paz,

y tengo ganas de llorar,

y de reír,

y de llorar.

 

Angustia que me atrapa,

que me atenaza,

que me persigue,

que me asalta,

y estoy cansada de luchar,

y de revivir lo pasado,

y de encontrar lo mismo,

quiero parar,

pero no puedo,

y te veo,

y te quiero,

pero no puedo,

y te busco,

te encuentro,

me das vida,

me la quitas,

¿qué voy a hacer contigo?

Hija del agobio,

y del dolor,

de la pasión,

de tu risa,

de tu voz.

 

El día es precioso,

capto sus aromas,

sus colores,

su brisa,

me has buscado,

te he encontrado,

pero estoy llorando.

Seco mis lágrimas

y dibujo una sonrisa,

de circunstancias,

de teatro,

no pueden verme,

tú sí puedes verme,

porque me comprendes,

porque me quieres,

no quiero que sufras,

pero ante ti puedo desnudarme,

porque me entiendes,

porque me quieres,

y te quiero,

y sufro,

y muero,

y no quiero dañarte,

pero te veo tan sólido,

tan fuerte...

 

Hija del agobio,

sufrimiento, ¿eterno?

No quiero,

parar no puedo,

me oprime el pecho,

y lloro,¡lloro!

¡Llanto maldito de tedio!

Lágrimas empedernidas,

que secan mi alma,

escupidas desde las cuencas de mis ojos,

con rabia,

con odio,

con pena pervertida,

lágrimas de fina arena,

ansias encadenadas,

esperando ser exorcizadas,

conjuradas y asesinadas,

por un brujo certero.

¡Ayúdame! Tú que eres

el mago de cuentos.

Conjura a esta hija del agobio,

que muere cada día un poco,

que ama cada día,

a retazos, a navajazos,

a cuchilladas de afecto.

sábado, 4 de abril de 2009

Córdoba olvidada, de Virtudes Reza

¿Cómo puede el viento del sur olvidar?
Cómo olvidar una habitación,
que suspira de amores,
que tiembla de amores,
que se agita de amores.

Dime, ¿cómo olvidar la ribera?
Olvidar tu puente romano,
el color de tu piedra,
y la suave brisa que acarició mi pelo.

Espejismos,
de una noche esperando,
un encuentro con la voz que susurra,
con la mente que habla,
con la foto que difumina dudas,
pero dime,
¿cómo olvidar?

Espejismos,
en el Guadalquivir de mi memoria,
que llora,
que ríe de pena,
tal vez entre el alboroto de una sala que no entiende,
que no siente.
Ríe, ríe ríe,
la desgracia de no vivirte,
de no hablarte,
lo inhumano del olvido.

Momentos intensos,
entregados con la voz del corazón,
instantes verdaderos,
convertidos en cenizas,
por los fantasmas del valor,
que no entiendo,
y lloro,
y llora el molino,
y llora el que vela los sueños,
de encuentros mágicos,
y llora el llanto,
y llora la risa esperpéntica,
en el macabro río de cobro.

Momentos,
en la habitación acristalada,
en la voz que se escucha,
el pasillo del tiempo,
los kilómetros del éxtasis,
en el copo de mi capa,
en los abrazos perdidos,
por despecho de la duda,
en los besos perdidos,
por dudas malditas,
que hacen condena,
de la felicidad eterna.

Espejismos,
en el que dirán,
en el daño autoinfligido,
pero ríe,
de la desgracia ajena,
de la ajena maldad de un reflejo propio,
ríe de tu logro,
de tu abandono,
de tu desprecio.

¿Cómo olvidar?,
el abrigo de tus arcos,
el abrigo de tu calma,
el abrigo de tus brazos,
recorrer los labios del deseo,
en cada fugaz intento del recuerdo,
en la Mezquita de encuentros,
de puertas que se abren a la vida,
a un patio privado de naranjos,
donde los aromas se desatan al paso.

Llora, llora,
porque lo imposible,
es imposible en la eternidad de tu mente,
has hecho imposible,
has pensado imposible,
has recordado imposible,
has soñado imposible,
has abandonado imposible,
en tu lema imposible.

Y sigo recordando,
en tu imposible,
sólo tuyo,
el amanecer de febrero,
la luz de tus ojos,
la risa de tu rostro,
en la Puerta del Perdón,
paradoja de tu destino,
y sigo recordando,
el bosque de pasos perdidos,
el bosque de columnas que también lloran,
y el lugar santo de mi recuerdo,
el mihrab
de mi sur perdido.

Mi Al-Andalus abandonado,
espejismos que borran sin remordimiento,
la esencia de otro ser,
que existe,
en el juego macabro de tu crisis,
y sigues viviendo una vida manchada,
y yo sólo sigo recordando el alminar,
a través de mi ventana,
de una dulce habitación,
a través del cristal,
y sigo mirando la luna,
testigo de mis deseos.

El barrio en estado puro

Llegué a Madrid a eso de las nueve de la noche, y al barrio veinte minutos después. Charla con mi hermano y con los colegas y, mientras, cena y cervecita. Como siempre, una de las cosas por las que me esperan es por echar un mus. Así que acabamos en el pub: mi hermano con el camarero y yo con el Chuti. Desgraciadamente la partida no se pudo acabar. El Chuti envida y el camarero, que era postre, dice que a él no le dice. Allá que va el Chuti y se saca los chinos. Y allá que va el camarero que dice que ellos no han cerrado, que tiene que hablar mi hermano. Y el Chuti que le dice que cierre la puta boca. Y que se monta, que el camarero recoge el tapete y la baraja. Miradas desafiantes, testosterona, y mi hermano que interviene y al final pone calma, en fin, Canillejas en estado puro.

Al día siguiente, me paso por la bodega del Suso a tomar el vermú y me encuentro con el Gabi y el Chopin. Me presentan al Ricky, al que yo no conocía; extraño, teniendo en cuenta que conozco a todo el mundo. Lo insólito es que, sin conocerme, empieza a narrarme un encuentro sexual suyo, de esos del hombre detrás y la mujer delante. Y me narra detalladamente el hecho de que cuando la saca se la encuentra llena de lentejas, eso sí, francesas, de las pequeñas, puntualiza. Y me lo cuenta así, de sopetón, he omitido los detalles menos agradables, en fin, Canillejas en estado puro. Luego me dijo que le habían robado las bolsas de la compra mientras echaba la primitiva.

Para fuerte lo del Chopin, que ahora vive en un pueblo de Guadalajara merced a sus habilidades profesionales con el pladur. Un pueblo, me dice preocupado, en el que la lata de cerveza va a 1,40. Así que no se le ocurre otra cosa que pedir prestada una bici que llevaba sin rodar ocho años. Busca una bomba, le infla las ruedas, se provee de una mochila y se larga al pueblo de al lado en donde las latas van a 0,60. Vuelve con la mochila repleta, que se le rompe por el camino, y tras hora y media de excursión por pendientes de Tour de Francia, llega a casa al borde de la lipotimia, pero orgulloso de haber conseguido cerveza a precio de saldo.

Luego llega el Javi, que venía de ver a los AC/DC del Palacio de los Deportes, sin dormir, de empalme. Y entremedias, le había dado tiempo de llevar a su madre al neurólogo, nos cuenta. Y es que en mi barrio, hay un porcentaje de gente que es muy de neurólogo.

El día terminó en el local de ensayo de mi hermano, en donde versioneamos “Aromas”, de Virtudes, la Niña Poeta, la niña de Algeciras, de mil formas. Y la grabamos, y la pasé a emepetrés, y se lo envié a la Niña por mail, y esa Niña emocionada. Me alegro de que te gustara. Niña, nunca pierdas mi número de móvil.

Pensamientos malditos, de Paco Gómez

Vosotros, que me asaltáis sin mi venia,

pensamientos malditos que erráis,

por mi mente dormida,

por mi alma enferma,

alejaos de mí,

dejadme vivir mi vida,

¡morid!

 

Seco las lágrimas de mi dolor,

enjugadas en sangre,

sangre de pensamientos malditos,

de recuerdos sombríos,

de hechos que ocurrieron,

que no debieron ocurrir,

¡partid!

 

Me aparto de todo,

me siento y medito,

la tristeza me rodea,

y los pensamientos malditos,

de días pasados y malditos,

de insultos, de llantos,

¡salid!

 

Otro pañuelo blanco,

testigo del sufrimiento,

húmedo de mis lágrimas,

del recuerdo de tu infidelidad,

de mi amargura,

de mi desamor,

¡huid!

 

Maldita nostalgia,

y malditos pensamientos, malditos,

y maldita vida la que me diste,

la que me has dejado,

llena de lágrimas malditas,

llena de pasado sin desterrar,

¡fluid!

 

Llorar, llorar y sufrir,

por la grieta que llevo dentro,

insalvable, irresoluble,

incurable, imposible,

dejadme,

no más pensamientos malditos,

¡morid!

viernes, 3 de abril de 2009

Palabras de cristal, de Paco Gómez

Cuánto te quise, cuánto te ame,

cómo te esperaba cada tarde,

cómo deseaba verte salir de la orilla del mar,

con tu pelo mojado, con tu pecho inflamado,

cómo me hacías sentir cuando me mirabas,

cuánto te quería, cuánto te amaba,

cuánto confiaba en ti,

me tenías hechizada,

y me volcaba,

y te esperaba,

y te deseaba,

y ese niño que me diste,

que te amaba,

que me amaba,

tardes de felicidad,

encanto frustrado,

preámbulo de muerte,

muerte en vida,

vida muerta,

palabras de cristal que se rompían,

nada más ser pronunciadas.

 

Estaba entregada,

no existía nada más,

me aislaste para tenerme,

entera, a tu disposición,

y cuando marchaste

me quedé rota,

herida, hundida, enferma,

como una muñeca de trapo,

con el corazón hecho trizas,

sin nadie a quien recurrir,

porque a ti estaba tan apegada

que desterré todo lo demás.

Muerte en vida,

vida muerta,

deseo marchito,

lágrimas manando,

día y noche,

dolor incontenido,

muerta y dormida,

sin solución posible,

palabras de cristal hechas añicos.

 

Ya no te siento,

ya no te quiero,

te recuerdo y no quiero,

te veo y no quiero.

Recuperé la vida,

recuperé el afecto,

ahora me arropan,

ahora me quieren,

ahora me dan el amor que tú me robaste,

me colman y no quiero,

y sí quiero,

y no puedo,

y sí puedo,

pero no debo,

y sí debo,

me confunden,

me resisto,

y me rindo,

y no me rindo,

acoso y derribo de amor sincero,

me vence,

y no quiero,

y sí quiero,

ya no se rompen las palabras,

ya no son de cristal,

ahora son de terciopelo.