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Poemario NO TARDES EN VOLVER A LA CRISTALERA DEL TIEMPO, de Virtudes Reza. EDITORIAL LEDORIA
El círculo alquímico, de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-95690-73-9. A la venta en enero.
jueves, 31 de enero de 2013
¿De qué se ríen ustedes?, por Paco Gómez
jueves, 27 de septiembre de 2012
El pensamiento único, por Paco Gómez
viernes, 25 de mayo de 2012
Ser novelista, por Paco Gómez
miércoles, 2 de mayo de 2012
La que nos espera..., por Paco Gómez.
martes, 13 de marzo de 2012
Mi barrio no es ninguna pradera (la fiesta de las sobras), por Paco Gómez

Voy de recogida, pero necesito ver a algunos antiguos colegas, saber que están bien. Abro la puerta del garito y me invade la típica atmósfera de humo. Aquí se sigue fumando, a pesar de lo que dijera Zapatero y sus ministros pijos, que de socialistas tenían lo mismo que yo de fascista. Me saluda el Nicky, aunque decir esto es un eufemismo, porque al Nicky no se le entiende nada cuando habla, y habla mucho, demasiado. Me tiene una hora escuchándole, pero no me entero de nada, excepto de que una vez le dejaron unos zapatos para entrar a una discoteca y como eran de la talla cuarenta y cinco y él usa un treinta y nueve, pues eso; empieza a caminar en círculos para que su explicación sea más gráfica riéndose de sí mismo. Vaya tela el Nicky, delgado y reseco. Keith Richards tiene mejor cara.
Después converso un rato con el Litri, que siempre me recuerda que él ya era mayor cuando yo aún era un enano y que mis padres eran muy buenas personas. Tampoco le entiendo apenas, pero no puedes escapar, pues es de los que si te intentas ir te toma del brazo y te sigue dando la charla.
Cuando logro huir me encuentro con el Carlos, su hermano. Lleva coqueteando con el alcohol y las drogas desde que tengo uso de razón. No obstante, me enseña su abdomen orgulloso, un abdomen en plan tableta de chocolate que yo no me explico. Después me imita a Popeye y me parto el pecho.
Sigo conversando con unos y con otros. Todos ellos decidieron que la vida no les gustaba nada más abrir los ojos en la maternidad. Hay demasiadas personas con demasiada maldad, pero toda esta pléyade de colegas del barrio no formaron un comando para cargarse banqueros o para robar sus bancos, no. Decidieron darse a la vida contemplativa haciéndose daño únicamente a ellos mismos, ya que para olvidar que están en el planeta Tierra, lo mismo vale un botellín, que una raya de coca o un porro de caballo.
Camino hacia mi casa pensando en ellos. Buena gente nacidos en un sitio equivocado en tiempo erróneo. Gente de buen corazón. Me quedaría mil veces más con cualquiera de ellos si naufragara en una isla desierta que con un banquero o con un político. Seguro que estos últimos te daban con una piedra en la cabeza para quitarte un coco a las primeras de cambio.
El barrio ha cambiado, lo compruebo a la mañana siguiente. Hay más prosperidad en general, pero la crisis ha hecho de las suyas y hay más comercios cerrados que nunca. Te puedes encontrar con la miseria en cada esquina. También a viejas amigas, como la soledad o la tristeza. Aquí, la muerte ha paseado mucho más a menudo que por el barrio de Salamanca.
Y sin embargo, por las calles de mi barrio me siento feliz. Debe ser por lo de las raíces, aunque estas debieron quedar ancladas en uno de los muchos descampados de los setenta. A veces creo que así fue y que me mantengo unido a ellas por una goma elástica invisible. Paso la mañana paseando y leyendo, alternativamente, y observando a la gente. Nunca se sabe cuándo vas a cazar un nuevo personaje para una nueva novela. Al llegar a la altura del supermercado, veo a muchas mujeres y niños en la puerta. Son rumanos de etnia gitana. Cuando los empleados sacan la basura consistente en productos caducados, la algarabía que se produce es demasiado llamativa como para no fijarse. Arramblan con yogures, pan de molde, leche... Todo gratis. La fiesta de las sobras.
Me siento en un banco, saco mi boli y mi libreta y escribo un poema titulado precisamente así, “La fiesta de las sobras”. Más adelante ganaría con él un premio de poesía social, pero esa es otra historia. Mirando un punto en el horizonte mientras me enciendo un cigarrillo, se me vienen a la cabeza las estrofas de Sabina. “Mi barrio no es ninguna pradera..., mi barrio no es ninguna pradera...”viernes, 20 de enero de 2012
Libro de papel versus libro electrónico, por Paco Gómez


A favor del libro en papel está lo de la tradición, ese amor que le tenemos los que nos hemos criado con él. El tocarlo, el olerlo, el ir pasando las páginas con parsimonia ante un buen café, al abrigo de una chimenea o sentado en un banco debajo de un árbol. Pero también hay factores en contra. Por poner el punto ecologista, si no se produjeran libros en papel, estaríamos ahorrándonos cortar tropecientos árboles. Son caros, no para el lector ocasional, pero sí para los que leemos varios al mes. Y otra cuestión es el espacio. Los que vivimos en casas pequeñas ya no sabemos dónde meter los libros, y eso que yo ya hice una gran donación a una biblioteca. Y si son caros, no es precisamente por culpa del autor, que es el que menos se lleva del pastel, un 10%, por lo general, para ser exactos.

El libro electrónico tiene muchas cosas a favor. No ocupa espacio. Gracias al avance de la tecnología en las pantallas, se lee igual al sol que a la sombra. Tocas dos botones de tu lector y en treinta segundos te descarga el título elegido. Para mí, que en mi bloque me llaman el tonto del libro, ya que siempre salgo de casa con uno bajo el brazo, tiene la ventaja del peso. El lector es menos voluminoso y no pesa nada. Además, puedo almacenar en él más de mil libros. Y lo principal, como usuario, es que el libro electrónico vale mucho más barato, con lo que me ahorro una pasta. Pero claro, también tiene sus inconvenientes. El principal es que se puede piratear, lo que no deja de ser un verdadero quebradero de cabeza para el autor que ve mermados sus derechos de autor. Una costa es cierta: con el libro electrónico sobran las librerías y perderemos el placer de entrar a estos establecimientos a husmear, porque de seguir así, solo quedarán abiertas las que se dediquen al coleccionismo. Pero puede que también sobren las editoriales y las distribuidoras. Valga un ejemplo, el caso del compañero Armando Rodera. Harto de que las editoriales y agencias le rechazaran sus novelas, decidió publicárselas en formato electrónico y colgarlas en Amazon al simbólico precio de un euro. Las cosas no le están yendo mal, lo que demuestra que sus historias no eran malas, al contrario, pues me consta que alguna editorial ya le ha preguntado por sus novelas. Otro ejemplo es el de Luis Maluenda, con millares de seguidores, que ha publicado su última novela solo en formato electrónico.

Decía al principio que estamos en un tiempo de transición. Insisto en que a los románticos les costará dar el paso. Pero los tiempos cambian. Al principio de los tiempos se escribía en piel y en papiro. Después pasamos al papel y a la pluma. Hasta que llegó Gutemberg con su imprenta y lo revolucionó todo. Pienso que el libro clásico nunca desaparecerá y que convivirá con los nuevos tiempos. Pero de que el libro electrónico se impondrá, no tengo ninguna duda. No olvidemos, que las nuevas generaciones nacen con la consola y el ordenador bajo el brazo y el lector de libros electrónicos les parecerá lo más normal del mundo. Y no olvidemos el potencial de Internet. Un autor local, con su libro de papel, tiene un mercado limitado. Sin embargo, al poder descargarse su libro desde un portal, automáticamente tiene acceso al mercado de todos los países de habla hispana, ventaja nada desdeñable, puesto que un escritor lo que quiere es que le lean. Además, en tiempos de crisis, el lector buscará lo más barato, que no tiene que ser necesariamente lo más perjudicial para el autor, ya que se ahorrarán los costes de los libreros, las distribuidoras y los de edición.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Nos aprietan, pero no reaccionamos.

Recuerdo cuando entré a currar en Bosch. Tenía un contrato temporal y era oficial de primera. Lógicamente, me daban unos armarios para cablear automatismos de cinco puertas. Trabajaba con gente que eran oficiales de tercera, gente mayor que yo y con menos responsabilidad, obviamente, por su categoría. Sin embargo, cobraban sesenta mil pelas más. Además, tenían transporte, economato, médicos privados y otras prestaciones de las que yo adolecía. Y yo me quemaba, claro, víctima como era de los nuevos contratos temporales vigentes por la gracia de Felipe González, por cierto, responsable también, de que a partir de entonces, el parado, que venía cobrando la mitad del tiempo trabajado, pasara a cobrar solo la tercera parte. Mis compañeros me decían que no me quemara, que lo que ellos tenían lo habían conseguido a base de huelgas salvajes, encerrados incluso en iglesias, adonde la gente iba a llevarles comida.
Mi padre curró cuarenta y cinco años en la misma empresa. Cuando murió, llevaba tiempo ya jubilado, pero recuerdo que al entierro fueron sus antiguos compañeros. Y es que cuarenta y cinco años con la misma gente, une mucho.
Hoy es impensable estar ni siquiera diez años en el mismo sitio. Qué digo diez, ni cinco. Ni se nos ocurre pensar en lo del economato, los médicos privados, las vacaciones subvencionadas, etc., etc. Nos han engañado con el euro: primero por el redondeo y segundo por la pérdida de poder adquisitivo. Los convenios colectivos, quienes tuvieran la suerte de tenerlos, evolucionaron a la baja para caminar hacia la congelación. Pues bien, hoy en día, nos bajan los sueldos e incluso nos despiden impunemente. Los mercados, esa forma abstracta de denominar a los millonarios, exigen una reforma laboral salvaje para abaratar despidos y pagar unos sueldos que son limosnas, además de una nueva ley de huelga para que los obreros no puedan hacer huelga. Sarkozy y Merkel ocupan portadas de periódicos y prime time de televisiones y radios anunciándonos el Apocalipsis.
¿Sabéis lo que os digo? Que si yo fuera uno de esos poderosos que destituyen gobiernos democráticos a su antojo, haría lo mismo, vista la poca capacidad de reacción social que caracteriza a la ciudadanía.domingo, 13 de noviembre de 2011
Aunque tú no lo sepas, de Virtudes Reza
(Luis García Montero)
Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...
Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.
Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.
El poema “AUNQUE TÚ NO LO SEPAS” pertenece al libro Habitaciones separadas (1994) del poeta granadino Luis García Montero. Este poemario fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía en el año 1995. Luis elige este poema para transmitir el amor platónico hacía una mujer que es la que el sueña y pinta en su mente, llegando a ser más real que la propia realidad. Un amor pintado, sublime y perfecto, en esa realidad paralela que todos tenemos, aunque no lo sepamos.
Este poema ha sido fuente de inspiración para muchos. Es curioso pero cuando alguien escribe no sabe las consecuencias que va a tener lo escrito. Seguro que Luis estará orgulloso que su poema haya traspasado paredes imaginarias y los muros invisibles de la sensibilidad.
“AUNQUE TÚ NO LO SEPAS”, es el título de una canción genial, por lo menos para mí. No pretendo hacerlo extensible a los insensibles que habitan este mundo.
Inspirado en el poema de Luis García Montero, surge una canción que comparte título y algunos versos aderezados con el toque personal de Quique González. Una canción destinada al gran Enrique Urquijo y que fue incluida originariamente en el disco “Desde que no nos vemos” del grupo Los Problemas en el año 1998.
Quique González, su creador, suele interpretarla en sus conciertos e incluyó una versión en su disco “Pájaros mojados” en el 2002. También cuenta con otra versión realizada en directo en “Ajuste de cuentas” del 2006.
Aunque tu no lo sepas
me he inventado tu nombre
me drogué con promesas
y he dormido en los coches.
Aunque tu no lo entiendas
nunca escribo el remite en el sobre
por no dejar mis huellas.
Aunque tú no lo sepas
me he acostado a tu espalda
y mi cama se queja
fría cuando te marchas.
He blindado mi puerta
y al llegar la mañana
no me di ni cuenta
de que ya nunca estabas.
Aunque tu no lo sepas
nos decíamos tanto
con las manos tan llenas
cada día más flacos.
Inventamos mareas
tripulábamos barcos,
encendía con besos
el mar de tus labios.
Y toda tu escalera.
Quique González
¿Puede dar más de sí un poema? Este cumple con creces, ya que también sirvió de inspiración para el relato «El vocabulario de los balcones» que Almudena Grandes, mujer de García Montero, incluyó en su libro Modelos de mujer (1996). Basándose en este relato, Juan Vicente Córdoba dirigió en 2000 la película Aunque tú no lo sepas, que fue presentada en la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián.
Y más recientemente una mujer, Virtudes Reza, el 12 de Noviembre de 2011, hace su propio alegato del poema de Luis. Una mujer de la que dicen que es poeta…..dicen.
Aunque tú no lo sepas,
he volcado el cielo de estrellas,
te he mirado hipnotizada,
como si fueras mi sol o mi luna.
Aunque tú no lo sepas,
te he acariciado en portales perdidos
de tu tiempo irreal,
buscándote en la realidad.
Aunque tú no lo sepas,
estoy en la dimensión de lo racional,
en la elasticidad de mis sentidos,
que vuelven a su forma original,
después de la plasticidad,
huyendo de cristales rotos.
Aunque tú no lo sepas,
he estado en tus sombras,
y te he amado en ellas,
acariciando tus sueños,
con deseo de nuevos amaneceres.
Virtudes Reza
lunes, 3 de octubre de 2011
La poesía del fracaso, por Paco Gómez

Parafrasear al maestro Sabina me viene de perlas cada vez que hablo de mi barrio. “Mi barrio no es ninguna pradera”, sí, al menos no lo fue para la gente de mi generación. Ahora es distinto. Los niños juegan a la Nintendo, van al cole todos y no han conocido la miseria de unas calles sin asfaltar, alumbradas por farolas inexistentes. En cada esquina hay una esquela con un epitafio mudo; quizá convenga aclarar que esas esquelas están, pero en mi memoria, que no consigue borrar las muertes de toda una generación a manos de la heroína o en tiroteos que tenían que ver con la heroína o con el dinero, o con la miseria.
El barrio también está plagado de anécdotas que podían haber sido planos de películas de Berlanga, pero también de Fellini. Como cuando el Elías, presa de un mono considerable, no tuvo otra ocurrencia que bajar a robar al Banco Central, el banco de toda la vida al que iban sus padres. Lo hizo con un cuchillo de los de punta redonda. Finalmente, los empleados, iba a decir que lo redujeron. No hizo falta, pues la cosa se arregló con unas palmaditas en el hombro y con un “venga Elías, no hagas tonterías y tómate la medicación”. O como cuando el Kilo salió del cine Covadonga, sala en la que se podían ver películas como “Dios salve a la Reina” y, en general, musicales de Deep Purple, Rolling Stones o Led Zeppelín. Tiempos aquellos en los que se fumaba en la sala y se bebían litros de cerveza. Cierto es que desde el gallinero llovían los cascos y los escupitajos, con más de un escalabrado visitando la Casa de Socorro (hoy en día extinguidas, por lo menos el nombre). Pero decía que el Kilo fue al Covadonga con su dosis de tripi en el cuerpo. Y al salir se encontró mal. Entró al Metro y empezó a ver a la gente con cabezas de toro, de pollo, etc. No pudo soportar la paranoia y se desmayó. Cuando despertó, estaba en el Alonso Vega entubado, empastillado y alucinado. De allí se llevó una incapacidad permanente y un certificado bajo el brazo que decía “ahora comienza el principio de una ruina, la ruina de tu vida”. Sospechosamente, el desvalijamiento de cabinas telefónicas en la sierra cesó al mismo tiempo que el Kilo se recuperaba en el hospital.
No hace mucho recuperé una amistad de la niñez. Javi el del cutter y yo teníamos un grupo musical cuando teníamos 16 años. Nos separamos y él decidió transitar el lado salvaje de la vida. Decidió experimentar lo que se siente siendo yonki, alcohólico y politoxicómano. En aquella época se cruzaba conmigo por la calle y no me saludaba porque no me conocía. Ahora está bien, porque logró robarle al demonio las llaves de la puerta del Infierno y escapó. El que siga siendo acólito de las barras de bar en sesión continua es un mal menor. Hemos retomado la amistad y hemos vuelto a juntarnos los del grupo, cada uno con nuestra colección de sucesos vitales. Este verano, Javi el del cutter incluso se llevó mi novela a Gredos y la leyó. Veranea allí de ocupa en refugios y no se gasta ni un pavo, que por otra parte, tampoco tiene. Y cada verano, acude a ese paisaje buscando la belleza y la soledad, y las veladas con su amigo Joselito, al que echaron de la alcaldía del pueblo porque una tarde salió a la calle y se lió a tiros. Como sé que os estaréis preguntando por el apodo del Javi, os diré que hace un año estaba yo con él y con su hermano en un garito de Quintana a altas horas de la noche. Hubo unos colombianos que se quisieron divertir a nuestra costa, siendo como éramos nosotros tres y ellos unos doce. Javi sacó su cutter y le metió a uno en el cuello. No, no os asustéis, no pasó nada, los colombianos terminaron por invitarnos a unos chupitos de whisky.
El otro día vi al Lorenzo, y a este sí que hacía que no lo veía hace 30 años, desde que terminamos la E.G.B. Resulta que era el vigilante de la boca de Metro de Torre Arias. Ambos nos alegramos de vernos. Lorenzo y yo fuimos muy amigos de críos. Ya apuntaba maneras entonces. Consiguió no aparecer por el cole dos meses haciendo creer a los profesores que estaba enfermo. Cuando se descubrió la mentira, su padre le metió una curra de la que aún le duelen los golpes. Lorenzo vivía en la zona de Canillejas en donde habitaban todos los delincuentes, y los conocía. Nos libró en más de una ocasión de una sirla. Y cuando hacíamos las fiestas del colegio y los manguis venían a reventárnolas, que el Lorenzo estuviera allí era toda una garantía. Aún recuerdo una hostia que le metió al Pirri (que en paz descanse), que podía competir en calidad con las que metía Bruce Lee en las pelis. Nos contamos brevemente nuestra vida. El Lorenzo ha ido peregrinando de curro en curro, a cual más precario. Y me dijo que había vivido con una piba muchos años, de los cuales los últimos fueron un infierno. En vez de separarse, ella se fue con sus padres y él con los suyos. Ahora están viviendo una segunda luna de miel.
Cuando quiero ver a los antiguos colegas, paso por la bodega del Suso. Es agradable tomar un vino y un pincho de tortilla. Allí se juntan los jubiletas que lo son por edad y los que lo son de forma prematura, por esquizofrenia, mayoritariamente, debido a las drogas y al alcohol. Lo mismo hablan de toros, que de política, que de fútbol, que de filosofía. En la bodega del Suso no se cita a Nietsche ni a Ortega, por poner dos ejemplos, para afianzar argumentos. Nadie sabe quiénes son esos dos señores, bastante tienen con lo suyo. Allí se habla con la sabiduría que otorga el fracaso (ahora parafraseo al gran Robe Iniesta que también me viene de perlas), que no es poca. El otro día vi al Javi el cabezón, apelativo tan cariñoso como cruel que le regalamos los compañeros en la E.G.B. El cabezón nunca fue un alumno brillante, pero era amigo de sus amigos. También le perdí la pista, aunque bien es cierto que me lo encontré tres o cuatro veces en conciertos que siempre eran de los Burning. El cabezón sacó el Graduado Escolar por los pelos, y se colocó en la misma sala de bingo en la que curra hoy, más de treinta años cantando aquello de “trece, uno tres”. Cuando le vi, su barriga y su pelo blanco me indicaron que la vida tampoco es que hubiese sido muy generosa con su aspecto. Resulta que también ha leído mi novela. Pero lo más curioso es que me dijo que se iba a Colombia a casarse con una colombiana que había conocido en Cuba. Se marchaba con un colega, que se casaba también con una amiga de su chica. Le vi ilusionado, con toda la ilusión que se puede reunir a los cuarenta y cinco, eso sí.
Hace mucho que tenemos farolas en el barrio; y aceras. Hay hasta bancos y comercios. Y parques en donde los niños juegan tranquilamente. Cuando yo poblaba estas mismas calles en mi niñez, jugábamos a matar ratas, algunas como conejos de grandes. Y a esquivar navajas y jeringuillas. Era otra historia.lunes, 19 de septiembre de 2011
El problema de la Educación, por Paco Gómez
Esta generación de niños no se parece en nada a la mía. Mientras yo jugaba a indios y vaqueros, al escondite y a pedirle a mis padres una bicicleta que no me podían comprar, los niños de ahora han tenido y tienen de todo. Muchos de ellos, la primera vez que oyen la palabra “no” es en el instituto, y claro, no la entienden. Así es muy difícil educar. Por otra parte, la LOE-LOGSE que ahora es LODE (demasiados cambios), nunca se ha implantado de forma definitiva, sobre todo en cuanto a partidas económicas. Muchos de los alumnos no están preparados para estar en un aula de ESO, bien porque, aunque tengan la edad, no tienen conocimientos previos suficientes, o bien porque tienen trastornos importantes de conducta, o ambas cosas. Son críos en los que deberían entrar de lleno las medidas de atención a la diversidad, atendidos en aulas de grupos reducidos por profesores con cualificaciones especiales. Pero claro, esto cuesta un dinero que jamás se ha llegado a invertir completamente.
Con este panorama no es extraño que España aparezca mencionada en todos los informes internacionales por sus malos resultados en Educación. Pues bien, con este paisaje, en vez de mejorar los recursos, en todas la comunidades autónomas regidas por el PP, se ha decidido hacer recortes en la Escuela Pública como parte de las medidas de austeridad frente a la crisis económica que nos afecta. Los profesores hemos protestado y ante nuestras protestas, los gobernantes nos han tachado públicamente de vagos por no querer trabajar dos horas más, como parte de la maquinaria propagandística de apoyo a sus medidas. Lo cierto es que los profesores no protestamos por eso. Muchos ya trabajamos 21 horas en años pasados (no 20, como proponen los legisladores), y no hemos protestado. Tampoco hemos dicho nada cuando nos han bajado el sueldo como a todos los funcionarios.
Si protestamos es por la masificación de unas aulas que en ciertos institutos llegan a albergar a 45 alumnos; por la reducción del número de desdobles en asignaturas en que, por sus particulares contenidos, la clase se dividía en dos y era atendida por dos profesores; por la desaparición de horas de laboratorios que en asignaturas como Biología son imprescindibles; por la reducción del número de optativas que impiden que el alumno se especialice en base a sus preferencias; por la desaparición de las tutorías en gran parte de los centros; por la reducción o eliminación de las actividades extraescolares; por la impartición de horas por parte del profesorado que no son de su especialidad; por la menor atención a los alumnos con problemas de aprendizaje debido a la eliminación de profesores de educación compensatoria; por la desaparición de profesores de audición y lenguaje. ¿Sigo?
La masificación y esas dos horas lectivas más que, por norma nos obligan a dar, han propiciado que este año desaparezcan de los institutos de Madrid más de 3000 profesores que son más que necesarios. Ya el año pasado suprimieron a 1500. Y esto en un año en que la matriculación en las escuelas públicas ha aumentado un 10%, ya que los ciudadanos que antes llevaban a sus hijos a concertados y que se han quedado en paro necesitan plazas públicas para sus hijos.
Todas estas medidas aplicadas sin ningún criterio lógico ni razonable, generarán un desastre de imprevisibles consecuencias si los gobernantes no dan marcha atrás. Todos asumimos que estamos en crisis, pero aun así, no se deberían escatimar recursos ni para Educación ni para Sanidad, que deben ser públicas para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos, independientemente de que haya colegios y clínicas privadas para quienes quieran y puedan permitírselo. La huelga en la Enseñanza está más que justificada.
jueves, 1 de septiembre de 2011
La demagogia de la Administración Educativa

Esta mañana, nuestra querida presidenta de la Comunidad de Madrid (eso sí, elegida democráticamente en fechas recientes), ha vuelto a dar una vuelta de tuerca a la maquinaria propagandística que tanto ella como la consejera Lucía Figar han puesto en marcha para desprestigiar a los profesores. El eje de esta propaganda consiste en decir que los profesores trabajamos poco y que vamos a hacer una huelga porque nos han puesto dos horas más de trabajo, es decir, que pasamos de 18 a 20 horas semanales. Intentan claramente dibujarnos como unos vagos ante la sociedad, que últimamente parece obstinada en no tener criterio propio, en ser poco analítica y en apoyar todas las acciones que vayan en contra del funcionariado. Ignoro si es por envidia o por desconocimiento.
Vamos a ver... Hasta el año pasado los docentes teníamos normalmente asignadas 18 horas lectivas semanales. Además de estas, tenemos horas de guardia, en las que atendemos a los alumnos de un profesor que circunstancialmente se halla enfermo, o nos ocupamos de alumnos castigados, o bien hacemos labores de vigilancia en pasillos y recreos. Bien. Además, tenemos horas de biblioteca, en las que prestamos y recogemos libros y cuidamos del mantenimiento de la misma. También tenemos horas complementarias en las que nos dedicamos al mantenimiento de aulas, laboratorios y talleres. Las clases no se dan porque el Espíritu Santo nos ilumina y surge un torrente lingüístico que nos hace dar clases magistrales, sino porque dedicamos horas a preparar cada clase y cada práctica. Ah, también elaboramos exámenes y los corregimos. Y miramos los cuadernos y los trabajos, muchas veces en casa, por las tardes, robando tiempo a nuestras familias.
Cuando me ha tocado impartir asignaturas nuevas me ha tocado prepararlas a conciencia. Si sumo las horas me salen más de 60 semanales y me quedo corto. Fui jefe de estudios durante cinco años en las que asistí a mi instituto por la mañana y por la tarde. Y el año pasado estuve a 21 horas lectivas, por lo que lo de las 18 horas que mencionaba antes es orientativo. Nunca he protestado porque no me importa trabajar, estoy acostumbrado. Se me olvidaba la atención a padres, las reuniones, los claustros, las tutorías... ¿Sigo?
Cuando Esperanza Aguirre dice que solo trabajamos 20 horas refiriéndose solo a las horas de docencia directa miente. Realmente, el aumento de 18 horas a 20 por ley y meternos a 30 alumnos por clase volviendo a la prehistoria ha propiciado que en los institutos haya menos profesores. Si protestamos es por el detrimento en la calidad de la Enseñanza. La Administración Educativa sigue haciendo méritos a salir los primeros en todos los informes internacionales, pero por la cola. No nos importa trabajar, ni siquiera cobrar menos, ya que no dijimos nada cuando nos bajaron el sueldo un 10%. Si las medidas se aplican, los alumnos saldrán menos preparados, aún menos. Eso realmente es lo que nos indigna a los profesores junto al hecho de no recibir el suficiente apoyo por el resto de la sociedad.
Señora presidenta y señora consejera, dejemos de hacer demagogia. Por mucha crisis que haya, la Educación y la Sanidad deberían ser intocables.miércoles, 24 de agosto de 2011
Ponencia del profesor Ricardo Moreno Castillo en la conmemoración los veinte años de la publicación de la Ética para Amador, de Fernando Savater.
Muchas gracias por vuestra presencia y gracias también a la fundación Lara por haberme dado la ocasión de estar hoy aquí, en tan buena compañía, para hablar de un tema que tanto me interesa como es el de la educación.
Comenzaré mis reflexiones a partir de dos textos de Ética para Amador, de cuya publicación conmemoramos los veinte años. El primero es del capítulo sexto (“Aparece Pepito Grillo”):
¿En qué consiste esa conciencia que nos curará de la imbecilidad moral? Fundamentalmente, en los siguientes rasgos:
……………………………………………………………………………………………………… d) Renunciar a buscar coartadas que disimulen que somos libres y por tanto razonablemente responsables de las consecuencias de nuestros actos
El segundo procede del capítulo noveno (titulado “Elecciones generales”):
Un régimen político que conceda la debida importancia a la libertad insistirá también en la responsabilidad social de las acciones u omisiones. Por regla general, cuanto menos responsable resulte cada cual de sus méritos o fechorías (y se diga, por ejemplo, que son fruto de la “historia”, la “sociedad establecida”, las “reacciones químicas del organismo”, la “propaganda”, el “demonio” o cosas así) menos libertad se está dispuesto a concederle. En los sistemas políticos en que los individuos nunca son del todo “responsables”, tampoco suelen serlo los gobernantes, que siempre actúan movidos por “necesidades históricas” o los imperativos de la “razón de estado”. ¡Cuidado con los políticos para quien todo el mundo es “víctima” de las circunstancias o “culpable de ellas”!
Estos dos textos los voy a cotejar con otros que van en dirección diametralmente opuesta. Uno de ellos es de Mónica Panting, de quien solo sé que es una psicopedagoga sudamericana:
Pero no es correcto hablar de niños con fracaso escolar. Lo único real es que hay niños con dificultades, las cuales pueden ser muy variadas. El fracaso escolar se produce cuando algo falla en algún punto del sistema educativo, y el niño con dificultades no es ayudado para superarlas. La culpa no es del niño. El niño es el eslabón más débil de la cadena. Primero porque es niño. Segundo porque ya hemos quedado en que es un niño que tiene dificultades. Tercero porque el niño no es un técnico ni en pedagogía, ni en psicología, ni es maestro, ni ninguno de los profesionales que, se supone, son quienes trabajan para enseñarle y conducir sus aprendizajes.
De este texto, la frase nuclear es, a mi juicio, “la culpa no es del niño”. Parafraseando la última cita de Ética para Amador, yo diría que se ha de tener mucho cuidado con los educadores para quienes el niño siempre es víctima de las circunstancias. Porque los educadores que consideran que los niños son siempre víctimas no están creando personas responsables, ni por lo tanto personas libres. Claro que el niño necesita ayuda de los adultos, igual que un enfermo necesita ayuda del médico, pero el enfermo que no obedece al médico no puede cuestionar el sistema sanitario, ni considerarse una víctima. Decir de un niño que tiene dificultades no es decir nada, porque nadie carece de ellas. No se aprende nada si no se adquieren unos hábitos de trabajo y una capacidad de prestar atención que no son naturales en el ser humano, y que en consecuencia no se pueden adquirir sin hacer ciertos esfuerzos ni superar muchas dificultades. Eximir de responsabilidades a un niño porque “no es un técnico ni en pedagogía, ni en psicología” es tan absurdo como si a un niño que está siempre comiendo dulces y no se lava los dientes se le exime de responsabilidad de su mala salud dental “porque no es un odontólogo ni un técnico en higiene bucal”. No hace falta ser médico para comprender la necesidad de ciertos hábitos de higiene, como no hace falta ser profesor para comprender que en clase se han de mantener unos modales y que todos los días se han de hacer las tareas escolares. Es cierto que un niño puede no estudiar debido a que una cierta patología se lo impide. Las patologías existen, y deben ser tratadas. Es imposible estudiar, por mucha fuerza de voluntad que se ponga, cuando te duelen las muelas o cuando tienes una depresión de caballo, pero es importantísimo distinguir los defectos de las patologías. En primer lugar, por lo que se ha dicho antes, si a un niño no le acostumbran a reflexionar sobre los defectos que sí están en su mano superar, porque “el niño no tiene la culpa”, nunca se convertirá en una persona responsable. En segundo lugar, porque quien es tratado de una patología que no tiene es muy posible que acabe teniéndola, igual que el hipocondríaco que está tomando medicinas que no necesita termine enfermo de verdad. Hoy existe un exceso de psicologismo, en parte por dar sentido a la multitud de expertos, orientadores, pedagogos y psicólogos que pululan en muy excesivo número por centros educativos, y en parte por esta corriente que pasa por progresista, pero que en mi opinión es absolutamente reaccionaria, que tan bien se transparenta en el texto anterior: “el niño no tiene la culpa”. En casos de agresiones se ha tratado con tantos miramientos al alumno agresor que el agredido ha tenido que cambiar de centro. Quien agrede a un semejante es una mala persona, y ser mala persona no es una enfermedad. El agresor podrá ser un inmaduro, pero no actúa movido por impulsos absolutamente incontrolables. Sabe que está haciendo mal. Prueba de ello es que nunca se ha dado el caso de un alumno que vuelve a casa todos los días lleno de magulladuras porque se mete con quienes son más fuertes que él. No, frente a los más fuertes recupera la cordura y controla sus impulsos agresivos con una gallardía ejemplar. Y es mucho más digno, y mucho más educativo, ser sancionado por portarse como una mala persona que ser tratado como un pobre tonto que no sabe lo que hace.
El texto que escogí no es en absoluto excepcional. A continuación viene otro de José Gimeno Sacristán, uno de los más representativos ejemplares de la Secta Pedagógica:
Hemos hecho ingresar en el sistema educativo toda la población hasta los 16 o más años, pero internamente hay algo que falla porque la gente no desea la escolaridad, la ve como un castigo. Esto ha dado lugar a mantener últimamente esta teoría conservadora y reaccionaria del esfuerzo como motivo pedagógico siguiendo los mandatos jesuíticos pero desligados de la tradición jesuítica en la historia. Esta teoría del esfuerzo es una de las conquistas regresivas más importantes que ha tenido el pensamiento educativo con reflejo en la opinión pública de los últimos años. El problema se ha simplificado ocultando la realidad negativa y diciendo que a nuestros alumnos lo que les hace falta es esfuerzo. Así podríamos mejorar la sanidad rápidamente diciendo que los médicos hagan más esfuerzo, y la política se podría mejorar sensiblemente si los políticos hicieran más esfuerzo, pero si hacen más esfuerzo tal y como van la cosa no irá por mejor camino, entonces el esfuerzo depende del servicio de sobre a qué causa se pone, y a la causa sobre la que se pone el servicio de la escolarización no es la que despierta pasiones a los estudiantes, que es otro de los problemas de nuestra situación.
(De “La educación que aún es posible”)
He de reconocer que algunos párrafos escapan a mi comprensión, pero esto me sucede con frecuencia con los textos de los pedagogos. Con todo, hay algo que sí he podido entender: hablar del esfuerzo es reaccionario. Para disimular la importancia del esfuerzo, lo envuelve en un lugar común: “Si todos nos esforzáramos más, las cosas irían mejor”. Efectivamente, así es, pero esa frase manida no puede servir para ocultar algo importantísimo: inculcar la necesidad de esforzarse es esencial en la educación de la persona, no es algo accidental ni periférico. Sin esfuerzo no hay aprendizaje, ni instrucción, ni valores. Supone un esfuerzo madrugar todos los días para ir al instituto, supone un esfuerzo escuchar una explicación que nunca podrá ser tan amena como una película, supone un esfuerzo hacer las tareas escolares, supone un esfuerzo ayudar a un compañero al que le cuesta más de lo normal estudiar porque está pasando una mala racha, supone un esfuerzo superar una mala racha aunque recibas ayuda de los compañeros, supone un esfuerzo levantarse para ceder el asiento a una persona anciana. Y es un esfuerzo del cual nadie puede abdicar ni en el cual nadie nos puede suplantar. Es cierto que por circunstancias sociales adversas algunos tienen más dificultades que otros para estudiar, y el esfuerzo que tienen que hacer es superior al que precisan otros compañeros más afortunados. Esto es injusto, pero no hay otra alternativa: o hacen ese esfuerzo suplementario, o nunca superarán esas circunstancias adversas. Esto lo explicó muy bien Barak Obama en una alocución que dio en la escuela secundaria Wakefield, en Arlington. Con un fragmento de este discurso quiero terminar mi intervención:
He dado muchos discursos sobre educación. Y he hablado mucho sobre responsabilidad. He hablado sobre la responsabilidad de vuestros profesores para inspiraros y haceros estudiar, sobre la responsabilidad de vuestros padres para que permanezcáis encarrilados, hagáis vuestros deberes, y no paséis todo el tiempo frente a la televisión. He hablado mucho sobre la responsabilidad del gobierno para elevar los niveles, apoyando a los profesores, y mejorando aquellas escuelas donde los estudiantes no tienen las oportunidades que merecen.
Pero podemos tener los profesores más entregados, los padres que más os apoyen y las mejores escuelas del mundo, y todo ello será inútil si vosotros no cumplís con vuestras responsabilidades, asistís a esas escuelas, ponéis atención a esos profesores, escucháis a vuestros padres y trabajáis todo lo duro que hace falta para triunfar.
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Quizás no tenéis adultos en vuestra vida que os den el apoyo que necesitáis. Quizás alguien en vuestra familia ha perdido su trabajo, y no hay suficiente dinero. Quizás vivís en un vecindario donde no os sentís seguros, o tenéis amigos que os presionan para desviaros del buen camino. Pero al final, las circunstancias de vuestra vida no son una excusa para descuidar vuestros deberes escolares o tener una mala actitud. No es excusa para ser groseros con vuestro profesor, hacer novillos, o abandonar la escuela. No es excusa para no intentarlo.
lunes, 18 de julio de 2011
Felices lecturas, de Paco Gómez

El mundo de la Literatura es tan complejo y está tan lleno de factores que escapan a la voluntad del escritor, que cada vez me atrevo menos a escribir un artículo sobre ello. Los palos que suelo recibir por expresar mi opinión, no ayudan precisamente a sentarme frente al teclado y dar rienda suelta a mis ideas. Por lo que veo en lablogosfera o en Facebook, no soy el único que recibe esos palos, aunque, en general, los que escribimos lo que pensamos no solemos arredrarnos y continuamos dando palos de ciego. Qué le vamos a hacer, a otros les apasiona la Fórmula 1.
Como lector he leído de todo, desde tebeos hasta ensayos de Astronomía, pasando por triviales novelas del Oeste y por sesudos ensayos de filosofía. Cierto es que cuando decidí escribir, opté por hacer una novela de entretenimiento, para todos los públicos. No van a darme el Cervantes por “El círculo alquímico”; ni siquiera el premio de las fiestas de mi barrio. Pero a ciertos lectores les ha gustado, de lo cual me alegro, ese era el objetivo, entretener.
Me doy con un canto en los dientes por haber publicado, aunque sea con una editorial modesta, dados los tiempos que corren. Y la novela me ha dado muchas satisfacciones, como por ejemplo la presentación en la librería Estudio en Escarlata y en Toledo. O la firma en la Feria del Libro de Madrid. Y me las va a seguir dando, ya que me han invitado a la Semana Negra de Gijón (pagando yo, ojo, excepto la ida en el tren negro), y en octubre firmo en El Corte Inglés de Barcelona, entre otras cosas.
También he conocido a gente, sobre todo escritores y blogueros, todos gente estupenda que me han brindado su amistad.
Y he visto cosas muy raras, creedme. Entre ellas mi primer contrato con una editorial grande que hasta me dio un adelanto y después se desentendió de mí. También he visto escritores con egos como catedrales y editores con una prepotencia tremenda. He visto a periodistas y a blogueros hacer críticas capaces de tumbar la carrera literaria de un escritor, como si el plumilla en cuestión hubiese matado a alguien. Y he observado a gente que se cree muy culta (y posiblemente lo sean) minusvalorar best sellers por el mero hecho de serlo; gente que consideran que si no has leído “El Quijote” o a Saramago eres un indocumentado y un impresentable. Pues tampoco es eso.
Desde aquí, siempre abogué por las novelas de tramas, pero eso es porque me gustan las historias, simple y llanamente. El estilo es importante, claro, pero si una novela solamente tiene estilo, me aburre. A lo mejor es que soy un inculto. Probablemente.
Lo cierto es que la Literatura es compleja. Y que para gustos están los colores. No todo lo que se publica es bueno, y no todo lo que se deja de publicar es malo; y viceversa. Desde mi punto de vista la mayor parte del oficio de escribir es eso, oficio. Lógicamente hay que tener algo de imaginación y un dominio mínimo del lenguaje, pero no hay que ser filólogo, aunque serlo ayuda. También ayuda tener enchufe, no nos engañemos. Y la suerte, aunque la suerte hay que buscarla.
Yo seguiré leyendo lo que me gusta, faltaría más. Y procuraré no ser tan riguroso en mis apreciaciones esperando que los demás tampoco lo sean. Me gusta que me cuenten historias y viajar con ellas a lugares que, de otra forma, nunca visitaría. Y seguiré escribiendo. Primero, porque me gusta hacerlo. Y después, para que me lea el mayor número de lectores posible. Y cada día continuaré trabajando en mi oficio, el que me da de comer. Si algún día gano algo con esto de escribir, bienvenido será. A todos los que escribimos nos gustaría vivir de esto. Hasta entonces, que tengáis felices lecturas.
domingo, 19 de junio de 2011
Caracterizar a los personajes, de Paco Gómez

Escribir una novela supone un trabajo monumental. Es por eso que no siempre estoy escribiendo una, porque supone someterte a una disciplina que no poseo siempre. No obstante, escribir es una necesidad diaria. Por eso no hay día que no haga un poema, escriba una reflexión o pergeñe un artículo.
Ya no solo es inventarte una historia, que historias se me ocurren muchas. Según yo entiendo este oficio, la novela hay que “armarla”. Desde mi punto de vista hay que empezar con un primer capítulo fuerte que enganche al lector y que le introduzca de lleno en el planteamiento de lo que uno quiere contar para desembocar en el nudo. Como me comentaba un día mi amigo Juan Madrid, el nudo puede realizarse bajo la siguiente premisa: “Algo o alguien quiere algo. A) Lo consigue. B) No lo consigue”. Los dos axiomas finales son más bien pertenecientes al desenlace, porque tiene que haber un desenlace. Por eso no me gustan nada los autores que hacen experimentos novelísticos que adolecen de planteamiento, nudo y desenlace. Todos esos autores anárquicos que escriben lo que se les ocurre y venden sus paranoias como novelas cuando realmente son ensayos. Supongo que las editoriales adoptan el formato de novela porque es el que más se vende, doctores tiene la iglesia. Tampoco entiendo las alabanzas de los críticos que parece que cuanto menos se entiende una novela mejor es. Insisto, doctores tiene la iglesia y no soy yo integrante de tan selecta casta.
Otro de los retos de un escritor cuando está creando es conseguir que los personajes queden caracterizados perfectamente. A veces leo novelas que son buenas, que incluso me gustan, pero la caracterización no está conseguida. Salvo que la historia se desarrolle íntegramente en un ambiente académico los personajes deben hablar de acuerdo a sus características: condición social, ocupación laboral, etc. No entiendo esas novelas en las que los protagonistas hablan todos como si fueran filólogos o como si hubieran ido a colegios de pago, la historia deja de ser creíble. Creo que esto pasa por los reparos de algunos autores a utilizar jergas o diversos lenguajes que se alejan de lo convencional, lo cual es claramente un error. Lo de hablar muy bien debe quedar para el narrador, siempre y cuando se utilice la técnica del narrador omnisciente y el narrador sea neutro y no en otros casos. Estos errores de caracterización se aprecian sobre todo en novelas negras o ambientadas en los bajos fondos: los delincuentes no hablan como si fueran académicos, eso está claro.
La caracterización se consigue a través de diversas formas y debe de ser acorde y coherente con el personaje. Se puede conformar la personalidad de alguien a través de la voz del narrador, por medio de diálogos o por la ambientación de escenas, todo esto son trucos del oficio que se adquieren con el tiempo. Sin ser la caracterización el puntal principal de una novela, contribuye definitivamente no solo a que la historia sea más creíble, sino a que la propia novela impacte mucho más que cuando los personajes son planos.
En cualquier caso, insisto, que parezca que los personajes hayan estudiado todos en la Universidad de Salamanca, va en contra de hacer la novela más real aunque se trabaje en el terreno de la ficción.jueves, 16 de junio de 2011
Ya era hora de que alguien se indignara, Paco Gómez

Cuando eres un crío no te enteras de nada, o de bien poco. Crees que vives un cuento y ya está. En mi caso, tuve la suerte de tener un papá y una mamá que se preocuparon de alimentarme, darme cariño y llevarme al cole, lo típico, pero no era así ni lo es en todos los casos. Por ejemplo, en mi barrio había muchas familias marginales y desestructuradas que daban como resultado niños en la calle y desatendidos. Esos niños se curtían en el asfalto y encontrarte con ellos no era nada agradable. Te daban mil vueltas a pesar de que tu situación era mejor que la suya. Fue en alguno de esos momentos cuando en un estado de lucidez pensé: “esto no me gusta”.
Bajabas a la calle y eran frecuentes las peleas, los barrizales, las ratas, etc. Muchos críos optaron por quedarse en sus casas porque el ambiente no era precisamente agradable. Los veías en el colegio y ya está. Pero claro, yo era un niño con inquietudes, y quedarme en casa no entraba dentro de mis planes. Hice un aprendizaje en la materia de la vida que no te enseñan en las escuelas, un aprendizaje peligroso, ya que con esa edad preadolescente, la cordura brillaba por su ausencia, por lo menos en mi caso. Muchos amigos se quedaron en el camino, porque tomaron vericuetos oscuros del camino y acabaron enganchados a las drogas y encerrados en un ataúd bajo tierra prematuramente. Y no eran más tontos ni más listos que yo, simplemente sucumbieron y aún hoy todavía no tengo explicación para ello.
La vida no es ninguna pradera, que decía el amigo Sabina. Siendo ya un joven con mi ruidosa adolescencia pasada, me di cuenta de qué va todo este cotarro y de que todo se rige por intereses y por dinero. Hay cosas que merecen la pena, sí, cómo no, los amigos, el amor, un paisaje, los libros..., la lista sería interminable, pero lo primordial es tener una base sobre la que aposentarte, es decir, un trabajo, una casa y un mínimo de dinero que te haga la vida digna. Pues bien, esto no ocurre en todos los casos. Siempre me chocó la aleatoriedad de que alguien naciera en Mogadiscio o en Beverly Hills y la diferencia en la experiencia vital de uno que nace en uno u otro sitio. Sin exagerar tanto, no es lo mismo haber nacido en el Pozo del tío Raimundo que en la calle Serrano.
Ahora mismo estamos viviendo tiempos difíciles, por la crisis que se han inventado los poderosos. Algo que sí recuerdo de cuando era joven era la marca de mi generación. No teníamos móvil, ni Wii, ni Internet ni todas esas chorradas que hay ahora, pero éramos reivindicativos y heterogéneos. Teníamos la capacidad de protestar y lo hacíamos. Y yo ya me estaba mosqueando con estos niños de ahora, homogeneizados de manera salvaje por esa diversidad de factores que antes no había. Por eso, cuando ha surgido el movimiento de los indignados y he visto rebelarse, por fin, a los de esta generación, no he podido evitar emocionarme. Vale, que entre ellos hay anti-sistemas y perroflautas, pues sí. Pero no son el grueso de los manifestantes. Me gustan sus planteamientos y su forma de rechazar a los políticos y al sistema reinante, que para nada es una democracia aunque nos la vendan como tal. Me gusta que increparan ayer a Cayo Lara que intentó sumar a Izquierda Unida para la causa, una causa en la que no entra ningún partido, ninguno.
Si ayer en Cataluña los políticos pasaron un poco de miedo, eso no es nada comparado con el miedo de familias con todos sus miembros en paro o que no llegan a fin de mes, o amenazados de desahucio por no poder pagar la hipoteca. Es un miedo de pastel. Total, ellos a su bola. El president fue a la Generalitat en helicóptero. Esos son nuestros políticos. Cada vez tengo más claro de que si están ahí es para ganar dinero y disfrutar de unos privilegios de los que los demás no gozamos. Me indigna que la gente los siga votando y me da vergüenza ajena cuando veo a tanto borrego aplaudiendo en los mítines. No sé si la solución son los indignados o los del 15-M o como se llamen. Pero, joder, ya era hora de que alguien protestara.sábado, 14 de mayo de 2011
Antes llovía más. Ahora escribo.

Antes llovía más y hacía más frío. No me hacen falta estadísticas. Tan solo el recuerdo de zapatos embarrados y bufandas de lana hasta los pies. Pero yo salía a la calle, tenía inquietudes. Me encantaba jugar al fútbol, a las chapas, a las bolas, al peón, a los cromos, a los rescates y a tirarnos piedras. Me crié de forma un poco salvaje. Mi barrio estaba lleno de descampados y uno de nuestros deportes favoritos era matar ratas a pedradas o, de forma más sofisticada, con tirachinas o escopeta de perdigones.
En medio de todo aquello estaba la Cátedra. Se me escapa el por qué del nombre y ahora mismo recuerdo que ligado a ese inmueble había hasta un equipo de fútbol, el Catedra F.C. Era una edificación antigua. En torno a un campo de baloncesto de cemento había cuatro alas en plan claustro, solo que con vigas de acero, que albergaban estancias dedicadas a los más variopintos usos. Se daban clases de corte y confección, de música, catequesis..., etc. Y una de las alas era la biblioteca, que más tarde pasó a pertenecer a la red de bibliotecas de la Comunidad de Madrid.
Si llovía, la biblioteca era una buena opción, cualquier cosa menos estar en casa. No te mojabas, era gratis y al menos no estaba uno haciendo el mal por las calles. Por aquel entonces yo era más de tebeos. Me encantaba leer Mortadelos, 13 Rue del Percebe, Carpanta, las hermanas Gilda, Rompetechos, etc. También de aventuras: El Capitán Trueno, El Corsario de hierro, Jabato, etc. Pero ya entonces descubrí una de mis aficiones preferidas, que era curiosear por los estantes de novela e ir viendo portadas y leyendo sinopsis. En esos devenires juveniles descubrí algunas joyas como “El túnel”, de Sábato o “El tercer ojo”, de Lobsang Rampa. Los libros eran viejísimos, de páginas amarillentas y cubiertas semidestruidas. Pero me di cuenta de una cosa: que era más importante el contenido que el continente. Éramos niños pobres, hijos de trabajadores, pero por medio de esa biblioteca en la Cátedra, magnífica idea de no sé quién, teníamos acceso a un buen número de títulos.
Por aquel entonces no tenía yo ni idea de que acabaría siendo escritor. Solamente leía y lo hacía por el mero hecho alucinante de sumergirme en una historia, de hacer un viaje con unos compañeros a los cuales acababa de conocer: los personajes. Por unos paisajes que no eran otros más que los ideados por el novelista de turno para que sus personajes transitaran. Ni siquiera años después, cuando llevaba quizás más novelas leídas de las que se pueden dar cuenta en una vida, tuve la inquietud de escribir. Eso sí, yo me daba cuenta de que como profesor de electrónica hacía unos apuntes para los alumnos muy “narrativos”. Y un día escribí un relato para un concurso de un periódico, y me llamaron. A partir de ahí, cultivé el relato, la poesía y los artículos. Cualquiera que cultive cada uno de estos géneros puede ser llamado escritor, ya que escritor es el que escribe. Ahora bien, el considerarse poeta o novelista, por ejemplo, implica eliminar el término genérico de escritor, ya es más específico y, por tanto, los sustantivos mencionados deben designar a aquel que tenga unas características, es decir, a aquel que domine las técnicas poéticas o novelísticas. Porque frente a la eterna polémica de si escribir es un oficio o una cualidad derivada del talento la respuesta es bien sencilla. Hay que tener ese talento del que tanto hablan muchos, sí. Hay gente que nunca podrá escribir como hay gente que nunca podrá cantar ni en un karaoke. Pero aparte de ese don natural, la escritura es un oficio que requiere una técnica.
Cuando empecé a escribir relatos y poemas, lo hice sin demasiado esfuerzo. Bien es cierto que los primeros eran malísimos. Pero no tardé mucho tiempo en adquirir cierta destreza a base de equivocarme y de leer a los maestros. Lo de la novela es otra historia. Cuando me puse con la primera, a pesar de haber leído cientos de ellas, me di cuenta de que era el trabajo más costoso que pueda acometer un escritor, puesto que hay que poner un andamiaje e ir rellenando las páginas de una forma coherente con tramas, subtramas, personajes, paisajes, etc. Un relato o un poema se puede hacer en minutos. Sin embargo, una novela se puede demorar años hasta que es terminada, con lo que eso conlleva.
Un artículo, sin embargo, es lo más fácil de hacer. Es como hacer una redacción de las que hacíamos en el cole, ordenar tus pensamientos y ponerlos por escrito centrados en el tema del que trate.
Por tanto, escritor es el que escribe, sí. Reseñista, articulista, novelista, poeta o cuentista son acepciones mucho más específicas del término genérico. Y todas ellas requieren una dosis de talento y de técnica. El primero es innato. La segunda solo se consigue a base de esfuerzo y trabajo.




