Poemario NO TARDES EN VOLVER A LA CRISTALERA DEL TIEMPO, de Virtudes Reza. EDITORIAL LEDORIA

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El círculo alquímico, de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-95690-73-9. A la venta en enero.
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jueves, 12 de enero de 2012

martes, 10 de enero de 2012

Envolvente del tiempo, de Virtudes Reza

Dame el tiempo
que araña la razón.
Dame el tiempo
para que me ilumine
el sol de tu sonrisa.

Dame tiempo para dejar
que mi cuerpo se torne en tu cuerpo
y mi corazón se abrigue en tu pecho.

Dame tiempo,
aunque sé que mis alas no pueden VOLAR.

Dame tiempo
para abrocharme la vida
vacía de tristezas
y ahogarme en tu carcajada HERIDA.

Dame tiempo.

Más tiempo.

Tiempo que no existe
para volver a sonreír sin tu recuerdo.


Más tiempo.

Tiempo para comprender
que nunca fuiste REAL
.

viernes, 6 de enero de 2012

El enigma de los vencidos, de Armando Rodera, por Paco Gómez Escribano


Hay escritores que no se conforman con serlo, sino que además suelen abandonar el teclado y la habitación en la que pasan tantos momentos de soledad y salen a la calle buscando a otros compañeros con los que compartir experiencias e inquietudes. Es mi caso y el de Armando Rodera, autor de “El enigma de los vencidos”. Así fue como nos conocimos hace ya tiempo. Fue en el Círculo de Bellas Artes, en una presentación de Lorenzo Silva. Nos presentó el compañero Pedro de Paz. En aquel entonces ni él ni yo habíamos publicado. Éramos escritores aspirantes a que un día alguna de nuestras obras viera la luz. Así, empezamos a vernos y a charlar en distintos eventos culturales en los que coincidíamos, casi siempre con una cerveza mediando entre los dos.


Un día, una de mis obras, “El círculo alquímico”, vio por fin la luz. En nuestras charlas, los temas eran recurrentes: editoriales, agentes..., etc. Armando, harto de rechazos, decidió iniciar una senda que ni él mismo sabe hasta dónde le va a llevar. Coincidiendo con la expansión del libro electrónico en Internet, decidió publicarse una novela y ponerla en Amazon. Yo tuve el privilegio de leer el manuscrito y quedé encantado. En pocos días “El color de la maldad” se aupó a los primeros puestos de las listas de libros electrónicos más vendidos.
Posteriormente, me dijo que si me gustaría leer “El enigma de los vencidos”. Naturalmente, le dije que sí. Si bien en el primer manuscrito me encontré con un thriller negro protagonizado por el inspector de policía Bermejo y el sargento Roncero de la Guardia Civil, personajes que tendrán continuidad en una nueva obra, como si lo viera, en el segundo me encontré con una novela de intriga que, por momentos, llega a parecerse a las mejores narraciones de Dickens, pero con ese matiz castizo de plantear un mapa con escenarios típicos de Madrid. La historia comienza con el retorno a la capital de España del protagonista, David Sanromán, que tuvo que huir de España siendo un niño por un suceso dramático acontecido sin que la voluntad de David mediara. No obstante, siendo de una familia humilde, se topa con el odio de una familia poderosa, de ahí su destierro.


Su vuelta a Madrid, ya hecho un hombre y tras quince años de estancia en Brasil, coincide con nuevos tiempos en España en el ámbito social y político. Decide rehacer su vida abriendo una tienda de antigüedades que ha recibido en herencia. Pero la sorpresa aguarda en el sótano, en donde se encuentra con un ingenio en forma de autómata que resulta ser un juego de mesa. Con la ayuda de su amigo Pedro y de dos adolescentes del barrio, se embarcará en un juego muy real que plantea unos enigmas que tendrán que ir resolviendo. La máquina dispone la ciudad de Madrid como un mapa que alberga puntos muy concretos en los que se irán resolviendo los misterios en un alarde de pericia por parte de los protagonistas.


El viaje nos va a llevar por el Retiro, la iglesia de San Ginés, Cascorro, el Museo del Prado, el Jardín botánico, la Plaza Mayor, la Cuesta de Moyano y la Plaza de Oriente. Juntos, los protagonistas irán desentrañando los enigmas hasta llegar al final, en el que se encontrarán en la tesitura de desvelar su descubrimiento o no. En juego está, nada más y nada menos, el restablecer la memoria de un hecho histórico demasiado importante. David descubrirá a lo largo de la historia que el pasado siempre vuelve. Y como buen protagonista que se precie, dispone de toda una gama de antagonistas que añadirán muchas dificultades en forma de amenazas en la resolución de la trama, que cuenta además con una historia de amor inolvidable.


Antes de terminar el manuscrito, Armando Rodera ya había puesto la novela en Amazon, y no le ha ido nada mal. Los lectores son exigentes y Armando es un buen escritor que sabe llevar al lector en volandas hacia los desenlaces de sus novelas. Seguramente a Armando van a llamarle de alguna editorial importante, visto el éxito de sus libros en Internet. Y ese será el momento de su definitiva consagración como escritor. Sus lectores, solo esperamos su próxima obra para seguir disfrutando de los escritos de un novelista que se lo está trabajando a pulso. Enhorabuena, escritor.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Presentación de "La senda trazada", de Pedro de Paz, en Madrid, por Paco Gómez


Un día, en Malasaña, escenario de tantos acontecimientos felices en lo personal, abrieron un establecimiento peculiar; un espacio que aparece recurrentemente en mis sueños regentado por mí porque me ha tocado la lotería; una librería que a la vez es bar, que permite tomarte una cerveza o un café mientras ojeas libros o acudes a una presentación. Lo único malo, debido a la prohibición zapateril, es que hay que salir a fumar fuera, y eso en invierno te congela las ideas. El sitio se llama “Tipos infames” (hasta el nombre mola) y fue el lugar elegido por Algaida, o por Pedro de Paz, o por los dos, para presentar la última novela del escritor, “La senda trazada”, en Madrid.

La cosa no empezó en la librería el día de la presentación, sino en Facebook. Se anunció el evento en el Muro de Pedro y poco a poco se inició un hilo en el que varios anunciamos nuestra asistencia. La librería consta de dos plantas: la de arriba, que es librería y bar, y la de abajo, que es la sala de presentaciones. Ambas plantas están separadas por un suelo transparente. Fue la simpática María Zaragoza, tan buena gente como buena escritora, quien avisó a las féminas de que no llevaran falda, quebrando de un plumazo las ilusiones de los varones, que con disimulo suelen mirar hacia arriba para captar algún que otro “paisaje” con miradas furtivas. El asunto continuó en el Gambrinus de la calle Fuencarral, en donde el llamado Rack Pat madrileño, compuesto por Javier Márquez, Juan Carlos González, José Manuel Ribeiro, el propio Pedro de Paz y servidor, quedamos para tomar unas cañas. Y bien acompañados que estuvimos por Teo, Julia Martínez, Cecilia Márquez y Benito Garrido (fijo que se me olvida alguien). Con la hora pegada y las cañas pagadas nos presentamos en la librería, poblada ya a esas horas de abundante público. Y tras el último pitillo bajamos todos al sótano entre los flashes de las cámaras, que apuntaban al protagonista.

Se encargó de la presentación el polifacético Carlos Salem, con copa de vino en la mano, que nos habló de la Generación Torrezno en general (Biedma, Tristante, de Paz y el propio Salem) y de Pedro en particular. Ciertamente, estos chicos, que se conocieron ya hace algunos años, apenas tienen alguna semejanza en cuanto a su modo de escribir, cada uno tiene su estilo propio. Pero coinciden en una cosa: escribir es un oficio que no tiene por qué ser triste y sesudo; se puede ser escritor y ser simpático y pasarlo bien. En realidad, el movimiento surge como contraposición a la Generación Nocilla y otras agrupaciones de escritores que sostienen unas pautas tan homogéneas como absurdas, en la mayoría de los casos, y que manteniendo la independencia de los componentes, reivindican la Literatura de historias, trazando tramas y caracterizando personajes dentro de un escenario de intriga.

Carlos nos dio unas pinceladas sobre la historia y sobre el protagonista, un paparazzi que un día encuentra un extraño libro por casualidad y que, tras su estudio, descubre que se trata de un obituario. El detonante de la trama viene cuando descubre que el libro no solo contiene referencias a personas fallecidas, sino también a otras cuyas muertes aún no han ocurrido y que empiezan a producirse con puntualidad matemática una vez que el protagonista va desentrañando los misterios de las cuartetas al estilo Nostradamus que anuncian las muertes. Es entonces cuando tiene que decidir entre evitar los decesos o aprovecharse de ellos debido a su condición de fotógrafo freelance, trasladando al lector de forma magistral el dilema moral.
Posteriormente, Pedro nos comentó su propia novela, enmarcada en una trama de intriga, género en el que se mueve como pez en el agua. También nos habló del personaje, por el que en ningún momento toma partido. Tampoco le juzga, dejando esta labor al lector al que le es imposible no ponerse en su lugar y reflexionar, porque es una novela que, aparte de entretener, invita a la reflexión y lleva al lector a ponerse en la piel del protagonista preguntándose que qué hubiera hecho él en su lugar.

La novela tiene muchos matices que no voy a desvelar. Lo que sí puedo decir es que me alegró mucho que el año pasado ganara el Premio Luis Berenguer; y que me hice con un ejemplar en cuanto la novela aterrizó en las librerías, ya que soy fiel seguidor de la trayectoria literaria del autor que en su día me hizo el honor de presentar mi primera novela.
Pedro de Paz abrió su carrera literaria con premio protagonizado por una novela corta, “El hombre que mató a Durruti”, que fue traducida al inglés. Después nos obsequió con una obra tremendamente emotiva, “Muñecas tras el cristal”, para finalmente saltar a una editorial grande, Planeta, que publica la que quizá sea el comienzo de una saga, “El documento Saldaña”, que se asienta ya en la mesa de novedades de todas las librerías.

Con “La senda trazada”, se consolida la carrera de un autor que se lo ha ganado a pulso. Avalada por el prestigioso premio, Pedro ha presentado la novela por toda la geografía española, y lo que le queda. Sus lectores solo esperamos que no tarde mucho en regalarnos otra obra.

“Tipos infames” estuvo abarrotada. La mayoría tuvimos que estar de pie en un escenario que se quedó pequeño. Y lo más importante fue que Pedro se vio arropado por toda una colección de compañeros de Letras que quisimos estar allí para acompañarle. Junto a Carlos Salem, por allí se dejaron ver Laura Muñoz, Jorge Díaz, Armando Rodera, Javier Puebla, Vanessa Monfort, Javier Pérez, Matías Candeira, Javier Márquez, María Zaragoza, Alfonso Domingo, Marina Fernández Bielsa, Rebeca Tabales, Jorge Magano, Fernando Marías, Paco Balbuena, David Torres y la plana mayor de Culturamas. Seguro que se me olvida citar a alguien. Y aún hubo tiempo para que María Zaragoza y Javier Pérez nos dieran unas pinceladas de sus próximas obras aún sin publicar en presencia de Miguel Ángel Matellanes, el editor de Algaida, que también acompañó a Pedro.

Los más golfos prolongaron la velada en el Orio, un bar vasco situado a pocos metros de la librería, entre pinchos y cervezas. Y a mí, que siempre me lían, que no me gustan ni los pinchos ni las cervezas, me tocó estar allí para dar cumplida cuenta en esta crónica.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Nos aprietan, pero no reaccionamos.

Recuerdo cuando entré a currar en Bosch. Tenía un contrato temporal y era oficial de primera. Lógicamente, me daban unos armarios para cablear automatismos de cinco puertas. Trabajaba con gente que eran oficiales de tercera, gente mayor que yo y con menos responsabilidad, obviamente, por su categoría. Sin embargo, cobraban sesenta mil pelas más. Además, tenían transporte, economato, médicos privados y otras prestaciones de las que yo adolecía. Y yo me quemaba, claro, víctima como era de los nuevos contratos temporales vigentes por la gracia de Felipe González, por cierto, responsable también, de que a partir de entonces, el parado, que venía cobrando la mitad del tiempo trabajado, pasara a cobrar solo la tercera parte. Mis compañeros me decían que no me quemara, que lo que ellos tenían lo habían conseguido a base de huelgas salvajes, encerrados incluso en iglesias, adonde la gente iba a llevarles comida.

Mi padre curró cuarenta y cinco años en la misma empresa. Cuando murió, llevaba tiempo ya jubilado, pero recuerdo que al entierro fueron sus antiguos compañeros. Y es que cuarenta y cinco años con la misma gente, une mucho.

Hoy es impensable estar ni siquiera diez años en el mismo sitio. Qué digo diez, ni cinco. Ni se nos ocurre pensar en lo del economato, los médicos privados, las vacaciones subvencionadas, etc., etc. Nos han engañado con el euro: primero por el redondeo y segundo por la pérdida de poder adquisitivo. Los convenios colectivos, quienes tuvieran la suerte de tenerlos, evolucionaron a la baja para caminar hacia la congelación. Pues bien, hoy en día, nos bajan los sueldos e incluso nos despiden impunemente. Los mercados, esa forma abstracta de denominar a los millonarios, exigen una reforma laboral salvaje para abaratar despidos y pagar unos sueldos que son limosnas, además de una nueva ley de huelga para que los obreros no puedan hacer huelga. Sarkozy y Merkel ocupan portadas de periódicos y prime time de televisiones y radios anunciándonos el Apocalipsis.

¿Sabéis lo que os digo? Que si yo fuera uno de esos poderosos que destituyen gobiernos democráticos a su antojo, haría lo mismo, vista la poca capacidad de reacción social que caracteriza a la ciudadanía.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Presentación de VAIVÉN en San Roque



Os esperamos en San Roque el viernes 2 a las 19.00 horas....

Presentación del nuevo poemario de mi amiga indocente BLANCA FLORES.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Presentación de "El círculo alquímico" en Alcázar de San Juan, por Paco Gómez


Aunque tú no lo sepas, de Virtudes Reza

AUNQUE TÚ NO LO SEPAS
(Luis García Montero)

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

El poema “AUNQUE TÚ NO LO SEPAS” pertenece al libro Habitaciones separadas (1994) del poeta granadino Luis García Montero. Este poemario fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía en el año 1995. Luis elige este poema para transmitir el amor platónico hacía una mujer que es la que el sueña y pinta en su mente, llegando a ser más real que la propia realidad. Un amor pintado, sublime y perfecto, en esa realidad paralela que todos tenemos, aunque no lo sepamos.
Este poema ha sido fuente de inspiración para muchos. Es curioso pero cuando alguien escribe no sabe las consecuencias que va a tener lo escrito. Seguro que Luis estará orgulloso que su poema haya traspasado paredes imaginarias y los muros invisibles de la sensibilidad.
“AUNQUE TÚ NO LO SEPAS”, es el título de una canción genial, por lo menos para mí. No pretendo hacerlo extensible a los insensibles que habitan este mundo.
Inspirado en el poema de Luis García Montero, surge una canción que comparte título y algunos versos aderezados con el toque personal de Quique González. Una canción destinada al gran Enrique Urquijo y que fue incluida originariamente en el disco “Desde que no nos vemos” del grupo Los Problemas en el año 1998.
Quique González, su creador, suele interpretarla en sus conciertos e incluyó una versión en su disco “Pájaros mojados” en el 2002. También cuenta con otra versión realizada en directo en “Ajuste de cuentas” del 2006.


Aunque tu no lo sepas
me he inventado tu nombre
me drogué con promesas
y he dormido en los coches.

Aunque tu no lo entiendas
nunca escribo el remite en el sobre
por no dejar mis huellas.

Aunque tú no lo sepas
me he acostado a tu espalda
y mi cama se queja
fría cuando te marchas.

He blindado mi puerta
y al llegar la mañana
no me di ni cuenta
de que ya nunca estabas.

Aunque tu no lo sepas
nos decíamos tanto
con las manos tan llenas
cada día más flacos.

Inventamos mareas
tripulábamos barcos,
encendía con besos
el mar de tus labios.

Y toda tu escalera.


Quique González


¿Puede dar más de sí un poema? Este cumple con creces, ya que también sirvió de inspiración para el relato «El vocabulario de los balcones» que Almudena Grandes, mujer de García Montero, incluyó en su libro Modelos de mujer (1996). Basándose en este relato, Juan Vicente Córdoba dirigió en 2000 la película Aunque tú no lo sepas, que fue presentada en la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián.
Y más recientemente una mujer, Virtudes Reza, el 12 de Noviembre de 2011, hace su propio alegato del poema de Luis. Una mujer de la que dicen que es poeta…..dicen.



Aunque tú no lo sepas,
he volcado el cielo de estrellas,
te he mirado hipnotizada,
como si fueras mi sol o mi luna.

Aunque tú no lo sepas,
te he acariciado en portales perdidos
de tu tiempo irreal,
buscándote en la realidad.

Aunque tú no lo sepas,
estoy en la dimensión de lo racional,
en la elasticidad de mis sentidos,
que vuelven a su forma original,
después de la plasticidad,
huyendo de cristales rotos.

Aunque tú no lo sepas,
he estado en tus sombras,
y te he amado en ellas,
acariciando tus sueños,
con deseo de nuevos amaneceres.


Virtudes Reza

viernes, 11 de noviembre de 2011

Mi banco del parque (50), por Paco Gómez

La luz de la luna ha desaparecido del mapa estelar. Los animales hacen notar su huida por la ausencia de sus cantos. No hay sombras ni espectros. Hasta la soledad ha faltado hoy a su cita conmigo. Enciendo un cigarrillo en el más absoluto de los silencios envuelto en una negrura fatigosa. Reflexiono acerca del poderoso influjo de la luna en las criaturas de la noche y en cómo su falta hace que todo parezca muerto. Me entran unas ganas incontenibles de huir, de echar a correr desertando de mí mismo, pero no sé elegir un camino de evasión. Permanezco sentado, sintiendo un miedo aterrador. A mi lado se ha sentado alguien. No es la soledad. Es alguien que permanece embozado de la cabeza a los pies que no ha tenido la deferencia amable del saludo. La tristeza, la melancolía y los demás sentimientos yermos que normalmente me acompañan se han mudado momentáneamente a algún lugar distante. La presencia me desconcierta y empiezo a experimentar un terror creciente que se convierte en pánico. Permanezco quieto y no me atrevo ni a fumar. El cigarrillo se consume lentamente entre mis dedos. El extraño se desenmascara y me muestra sus ojos penetrantes. Es una mujer que sin embargo ostenta mi rostro, una versión femenina de mí mismo con los ojos inyectados en sangre. Con un movimiento brusco e inesperado me echa su capa por encima y yo me debato entre la vida y la muerte, pero me aferro a unas ganas de vivir incomprensibles. Cuando por fin logro desembarazarme de la capa, observo la luna llena. La soledad está a mi lado, inmutable. El parque parece un cementerio sin tumbas, pleno de la lunar luz radiante. Las sombras y los espectros danzan mezclados con la hojarasca. Los grillos y las lechuza lanzas sus cánticos nocturnos como si les fuera la vida en ello. Todo está como siempre. Enciendo un cigarrillo y fumo tranquilo. El pánico es sustituido por la presteza de volver a sentirme vivo en mi hogar, en este banco mágico del parque.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Mi banco del parque (49), por Paco Gómez

La angustia preside mi estado de ánimo esta noche. No hay un motivo aparente y conociéndome como me conozco no tiene por qué haberlo. Son muchos años metido en este cuerpo sin encontrar sentido a nada, aguantando mis rarezas. Me siento en mi banco del parque y enciendo un cigarrillo que con su brasa ilumina mi rostro cansado. El silencio es tal que al aspirar el humo escucho el chisporroteo que produce la combustión de las hebras del tabaco y el papel. La luna menguó tanto que parece no existir. La soledad, acomodada como cada noche a mi izquierda, me lanza señales imperceptibles. Pero esta noche no la entiendo, ni me entiendo a mí mismo, como cada noche. Busco el silencio y me encuentro con las reflexiones baldías de un tío triste hasta lo enfermizo. Ese soy yo, el que desnuda su alma cada noche en este banco para sentir el frío gélido nocturno en mi alma. El que despedaza sus sentimientos en el lugar más inhóspito que sin embargo es su hogar, si es que el hogar es donde uno se siente más a gusto. Me duele el alma, y para eso no hay remedio en las consultas de la Seguridad Social. La oscuridad es taladrada por la luz mortecina de las pocas farolas que no se han fundido. Mi cordura vierte unas gotas más de su sustancia sobre la madera reseca del banco. Me descalzo en un acto infructuoso porque sentir la tierra bajo mis pies agudiza un tanto mis sentidos. Pero no siento nada. Esta noche ni siquiera interpreto a la soledad, que me mira sorprendida. Quizá mi demencia haya avanzado un estadio y he dejado de ser un buen compañero para ella. En cualquier caso, nada puedo hacer. En cualquier caso mi existencia es terrible. El parque se me vuelve a antojar como un cementerio ausente de lápidas. Imagino una de mármol blanco, la mía, con un hermoso epitafio carente de palabras.

martes, 8 de noviembre de 2011

Mi banco del parque (48), por Paco Gómez

La luna llena continúa alzada en un cielo con pocas estrellas. Mi mente plomiza imagina que estoy en algún lugar lejano e inocuo. Pero mi cuerpo permanece aquí, en mi banco del parque, acompañado por la gratificante presencia de la soledad. Enciendo un cigarrillo y cuando levanto la cabeza para empezar a generar pensamientos inútiles ocurre algo insólito. Una mujer camina hacia mi banco a unos cien metros. Me digo que no puede ser, que un suceso tan inaudito no puede estar ocurriendo, hasta que ella está demasiado cerca como para que yo reaccione y se sienta ocupando el sitio que segundos antes ocupaba la soledad. No dice nada. Solo abre su bolso y extrae un cigarrillo que enciende con un mechero plateado. Creo que no es consciente de que acaba de profanar un santuario. O a lo mejor el que delira soy yo cuando pienso ya desde hace tiempo que este parque y este banco son míos y no un lugar público. La presencia de la mujer cambia todo el paisaje. De repente estoy en un parque que ya no parece un cementerio, sin sombras ni espectros. El gris ha desaparecido por completo y vislumbro los distintos colores del escenario. Apago mi cigarrillo, nervioso y desconcertado. La mujer me mira y exhala el humo del suyo en mi rostro. Su faz es perfecta, sobre todo cuando esgrime una sonrisa enigmática que me hace pensar que esa presencia no es humana. Cuando una frase empieza a rondar mi caduco cerebro sé certeramente ante quién me encuentro. Y no me sorprendo en absoluto del poder que muestra mi compañera habitual de banco. Asiento en silencio, me levanto tocando el ala de mi sombrero y tomo la vereda que lleva tanto a mi casa como a ninguna parte. La frase reverbera en mi cabeza como una letanía surgida de una tumba: “Te dije que hay entes capaces de tomar la apariencia humana, aunque no son personas”.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Mi banco del parque (47), por Paco Gómez

Al salir de mi casa me ha ocurrido algo insólito: se me había olvidado el camino del parque. El que ello ocurriera era harto improbable, ya que cada noche me dirijo a ese parque en una cita ineludible. Fui presa de un ataque de ansiedad cuya sensación desconocía. Volví una y otra vez al portal para volver a iniciar el camino, pero el resultado era el mismo en todas las ocasiones. Había perdido la memoria. Extraño este mundo y extraña mi percepción, ya que yo seguía siendo el mismo, recordaba todo excepto el camino hacia mi banco del parque. Finalmente, me vi vagando por las calles con un estado de nervios agudo. En cada banco buscaba a la soledad inútilmente. Incluso pregunté a varias personas que me tacharon de loco, por la forma de preguntar y también porque no sabía dar un nombre o una referencia. Acabé agotado y entré en un bar que estaba cerrando. Pedí una copa de whisky. Me caí de la silla al observar que quien me la sirvió tenía el rostro de la soledad con un matiz de desconcierto. Empecé a temblar descontroladamente. Poco a poco me fui calmando y al abrir los ojos y escuchar el ulular de la lechuza comprendí dónde me encontraba. Encendí un cigarrillo y la soledad me susurró al oído un lamento que me sonó a quejido. En mi mente se fueron formando las frases inconexas de lo que me quería decir. Me dijo que danzar con las sombras no me hacía bien. Y que tampoco me beneficiaba albergar tanta pena y tanta melancolía. Apagué el cigarrillo por la mitad y contemplé la luna llena. Me dieron ganas de aullar como una alimaña. En lugar de eso me levanté y empecé a caminar. Cuál no sería mi sorpresa después de media hora cuando caí en la cuenta de que había olvidado el camino hacia mi casa.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Mi banco del parque (46), por Paco Gómez

Esta noche me rodean los fantasmas de tiempos pasados. Los he invocado con mis pensamientos estériles y ahora que los tengo delante no sé que hacer excepto presentarles a las sombras y a los espectros. La soledad ha declinado mi invitación. No obstante fue ella quien me inculcó el no querer conocer a nadie más. Enciendo un cigarrillo mientras contemplo la espectral procesión de mis fantasmas en retirada. Son demasiado etéreos y vanidosos como para danzar con las sombras. Vuelve a haber luna llena y las criaturas de la noche están en su apogeo. Los grillos no paran de emitir su monótono sonido y las lechuzas ululan desde cada copa de árbol que ocupan. Contrariamente a mí, a la soledad no le gusta la luna llena. El parque está lleno de vida y ella prefiere la compañía de la muerte. Yo también, pero soy lo suficientemente contradictorio como para sentirme bien en diversas circunstancias, aunque lo de sentirse bien sea un eufemismo. Contemplo la luz blanca que se derrama como una cascada sobre el césped. Intento incorporarme pero no puedo. Esta noche me pesa la vida más que nunca. La melancolía lucha por salir a través de mi pecho pero el opaco barniz de condena que rodea mi espíritu se lo impide. Me siento mal sentado sin poder moverme. Apago el cigarrillo en mi pecho y la nostalgia se escapa como un torrente. Me siento liberado. Observo el rostro de circunstancias de la soledad a lo lejos. Vuelvo a bailar con las sombras su danza macabra de cementerio.

martes, 1 de noviembre de 2011

Una deliciosa noche, de Virtudes Reza


El sábado tuve la oportunidad de recitar este poema que había hecho en poco tiempo, escasos minutos antes de ir a una cena entre amigos. No era mi intención recitar pero eso es algo que no se decide. Tiene su momento te lo pidan o no.
Fue una cena muy grata donde el proceso de documentación fue exquisito. Todo ello gracias a la anfitriona que tiene ese don como bien dice su marido.
Hablamos de la creación del universo, de los agujeros negros, de la teoría del Big Bang, de ciencia, de tecnología, de fotos, de música, de literatura, de poesía, de poetas entre los que no me incluyo, de escritores…
Debatimos si era recomendable retocar un poema. Y entre mis argumentos, dije que todo dependía del momento. Yo considero que un poema es un flash de una circunstancia cuando quieres expresar algo. Dejo patente que escribo para mí. Considero el poema una fotografía del momento y a veces no quiero retocar esa fotografía con photoshop. Otras si veo un poema susceptible de ser retocado pero todo depende. Yo decido cuando retocar o cuando no hacerlo. Yo decido si quiero plasmar esa sensación y hacer esa fotografía en forma de poema o dejarla en la instantánea de la retina de mi cerebro, sin darla a conocer al mundo, dejando que llegue y se marche en silencio. Me permito el lujo de hacerlo porque así lo siento en ese momento, aunque sea un pedazo de poema. Simplemente yo decido.
Escribo porque disfruto. Tal vez cuando esta circunstancia no exista, será el momento de abandonar la escritura.
Muchas veces me preguntan si pretendo ser la mejor. Y yo respondo: ¿qué es ser la mejor? Otras veces me preguntan si soy poeta. Y yo respondo: ¡dicen que soy poeta!
Sin duda una deliciosa noche.
Gracias Juanjo y Paqui.
Gracias Ana por hacer posible este encuentro.

Apagas la luz.
Cierras los ojos.

Estoy ahí,
acariciando tu sueño,
mientras cierras los ojos,
mientras te pierdes en sueños
que no son míos.

Apaga la luz,
no ves que estoy ahí,
junto a tu piel,
junto a tu rostro.

Recorro tu cuerpo
con mis manos invisibles.
No me ves.
Sigues tu sueño sin decir nada.

Estoy ahí.
Mientras la luz todavía es tenue,
y huyo del mundo
para perderme en el bosque de tus sueños.

No me ves.
Guardo tus palabras
en el corazón sobrecogido.
Guardo el perfil de tu cara
grabado en mi perfil.

Camino por la oscuridad
mientras cierras la luz.
Quiero alcanzar tu sueño
aunque no sea el mío,
quiero guardar tu sueño
aunque no sea el mío.

Permanezco ahí,
aunque no me veas,
permanezco en tus sueños entrelazados,
aunque no sean los míos.

Apagas la luz.
En cada encuentro
sigo la estela de su sombra,
mientras persigues tu sueño,
y hago dibujos en tu piel,
mientras cierras los ojos,
para dormir en un mundo que no es el mío.

Sigo ahí.
Donde no me ves.
Sigo aquí.
Donde no me ves.
Hasta que los sueños
dejen de ser tus sueños y los míos,
hasta que la eternidad
pase por mí y por mis sueños,
que ya no serán tus sueños.

©Virtudes Reza 29-10-11