El círculo alquímico, de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-95690-73-9. A la venta en enero.
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viernes, 1 de junio de 2012

La justicia de los errantes, de Jorge Díaz, por Paco Gómez

            “La justicia de los errantes” (Plaza y Janés), de Jorge Díaz, es una novela para sentarse tranquilamente ante un café y disfrutarla. Aun siendo una historia de ficción, está basada en hechos reales, en donde los personajes históricos se mezclan con otros inventados, como por ejemplo Paz, una joven mulata hija de un anarquista canario emigrado que acompaña a Durruti y Ascaso en su periplo americano. Pero lo que son las cosas... Como el propio autor reconocía no hace mucho, Paz bien pudo existir, ya que recientemente, alguien le dijo que su abuela conoció a los mencionados anarquistas e incluso estuvo con ellos en Sudamérica.
            La novela narra básicamente las aventuras de Buenaventura Durruti y su compañero Ascaso, activistas anarquistas que comenzaron a actuar en los años veinte. Idealistas en los comienzos, empiezan a actuar contra el capitalismo y a favor de la causa obrera, pasando a realizar atracos y asesinatos selectivos entre la élite política, militar y religiosa. Si bien la trama comienza en España, narrando importantes acciones como el atraco al banco de Gijón o la ejecución de un prelado, la novela se centra en el periplo americano, es decir, en el viaje que hicieron los dos anarquistas a Sudamérica toda vez que en España estaban ya muy acosados por la policía. Desembarcan en Cuba y van pasando por Méjico, Chile, Argentina y Uruguay.
            Podemos decir que es una novela histórica, ya que narra hechos históricos ocurridos en el pasado. Pero podríamos decir también, sin temor a equivocarnos que es una novela negra, ya que hay tiros, atracos, persecuciones, etc. Buenaventura Durruti es una figura suficientemente conocida, tanto por lo ya dicho como por su activismo en los años previos a la Guerra Civil, hasta su asesinato en extrañas circunstancias en la Ciudad Universitaria una vez empezada la contienda. Pero también hay que decir que en España no nos sabemos vender, no se sabe muy bien si por la imposibilidad de vencer tópicos o porque lo llevamos en los genes. Como he comentado varias veces con el autor, si estos dos hubiesen sido americanos, les habrían hecho folletines, novelas y películas.
            No voy a posicionarme aquí en cuanto a si lo que hacían estos tipos estaba bien o no, hace tiempo que soy apolítico. Pero lo que es cierto es que las circunstancias eran las que eran y que el anarquismo triunfó en España como en ningún otro lugar. Verdaderamente, dejando a un lado las ideologías, Jorge hace que te identifiques con los personajes. Por lo que yo ya sabía y por lo que el autor me ha recordado con esta estupenda novela que por momentos parece un western, estos tipos eran especiales, estaban hechos de otra pasta. Tenían dinero para darse la gran vida. Sin embargo, al llegar a un lugar, mientras estudiaban los posibles objetivos, lo primero que hacían era buscar trabajo, ya que se consideraban obreros. Y si un día no tenían para cenar no lo hacían, a pesar de tener un millón de pesetas en bolsas procedentes de atracos debajo de la cama. Ese dinero era para la causa obrera y era sagrado.
 


            La novela utiliza la técnica del narrador omnisciente para narrar los hechos que se producían en distintos escenarios. Sin embargo utiliza el tiempo verbal presente, algo menos habitual y que me sorprendió. Hace poco le pregunté a Jorge por esta circunstancia en Málaga, dentro de las jornadas “Mejor con un libro”. Me dijo que quería hacerlo así para ir escribiendo según sucedían las cosas, para que el lector terminara un capítulo y su percepción fuera la de estar dentro de la historia y viajar con los personajes al mismo tiempo que ellos. Escribir en presente es mucho más difícil que escribir en pasado, de hecho le causó más de un problema con los verbos y con sus editores. Pero la obra salió adelante según el criterio del escritor, como debe ser.
            Todo protagonista debe tener su antagonista. En este caso, nuestros dos amigos son perseguidos a través de los capítulos por el inspector Valenzuela, un hombre de moral muy cuestionable que no duda en hacer suya la máxima “el fin justifica los medios”. Un policía que se hace más odioso si cabe por ser hijo de un anarquista preso al que no visita más de tres veces en la novela y siempre para obtener un beneficio.
            Con una trama fabulosa, Jorge recrea estupendamente el ambiente prebélico de una España muy inestable en donde las ideologías de todo tipo campaban a sus anchas y en cuyo nombre se cometían crímenes y todo tipo de atrocidades. Son interesantes los datos que el autor aporta sobre los anarquistas exiliados en París con García Oliver a la cabeza, mezclados con anarquistas de otros países, italianos sobre todo, y con la bohemia de pintores y literatos que en aquel entonces eligieron la ciudad de la luz y sus bulevares para buscar la inspiración de sus obras.
            Una novela que, en definitiva, no os podéis perder, llena de aventuras y de hechos históricos que os ayudarán a comprender la realidad de un país, España, cuyo escenario actual se va pareciendo peligrosamente y cada vez más a los paisajes de “La justicia de los errantes”.

viernes, 25 de mayo de 2012

Ser novelista, por Paco Gómez


Siempre lo dije, ser novelista es un oficio, como lo puede ser ejercer la fontanería o la abogacía. Un oficio quizá de lo más maravilloso, por cómo hace sentirse al escritor. Ya no es solo crear, que también, sino el proceso de documentación, establecimiento y resolución de tramas, caracterización de personajes, etc.
Para ser novelista hay que poseer imaginación, dominar el lenguaje y, a ser posible, tener un trabajo estable con jornada intensiva que te deje tiempo para escribir. Lo digo porque mucha gente tiene la idea equivocada que de esto se puede vivir a las primeras de cambio. Son pocos los que lo consiguen y a veces la calidad literaria no es que importe mucho. No olvidemos que las editoriales venden “un producto”, y que en ocasiones más vale ser resultón que guapo.
En mi opinión, para afrontar la escritura de una novela, el presunto novelista debe ser un lector voraz, haber devorado una ingente cantidad de novelas, para tener las suficientes referencias antes de ponerse a escribir. Aun así, seguramente, su primera obra será una auténtica mierda, con perdón, aunque existen excepciones de novelistas primerizos que atesoran un talento innato. Creo que es importante tener una historia en la cabeza, haberla ido trabajando mentalmente mientras uno se toma una cerveza o camina por el parque. Tener claros los personajes, los escenarios, y sobre todo el principio y el final. Lo de en medio importa menos, ya irá saliendo, pero tenemos que tener claro hacia dónde vamos.
La estructura típica de una novela debe ser el esquema planteamiento-nudo-desenlace. Además, toda historia debe tener un conflicto. Como bien me lo explicara un día mi buen amigo y maestro Juan Madrid el conflicto nace de lo siguiente: “Alguien quiere algo; algo o alguien se lo impide”. Bajo esta premisa, es más que probable que tengamos una historia, independientemente del género en la que podamos encuadrar nuestra novela.
El planteamiento es la presentación de nuestra historia al lector: la trama principal y las secundarias, los escenarios y los personajes. No es que deba de haber tramas secundarias obligatoriamente, pero suelen enriquecer la novela, sobre todo si estas se relacionan de alguna manera con la principal. Al lector le suele gustar ubicarse, por lo que es importante trazar lo que yo llamo el mapa geográfico de la historia, ya sea este real o ficticio. Los personajes han de tener fuerza. El escritor debe tener la suficiente habilidad como para caracterizarlos, radiografiarlos, pero sin cansar al lector. La caracterización de los personajes se suele hacer a través de los diálogos, a través de la voz del narrador o relatando sus acciones. Los hay principales y secundarios. Hay escritores que lo tienen muy claro desde el principio. Otros, sin embargo, no hacen planes. En mi caso, me hago unos esquemas mentales e intento ponerlos sobre el folio. Pero a veces me ha ocurrido que personajes que en un principio eran protagonistas, han ido perdiendo fuerza, tomando el protagonismo algunos de los que en principio no lo iban a tener.
En toda novela debe haber un nudo, que es la madre del cordero del conflicto. Si María va a por el pan, pongamos por caso, lo compra y vuelve a su casa, no hay historia. La historia surge si María no vuelve, sea cual sea el motivo para su no retorno. Independientemente del conflicto, toda novela necesita un giro, o varios. El giro, acelera la historia y mantiene la motivación del lector. Algunos autores solucionan lo del giro añadiendo un personaje que tiene mucha fuerza, dando un nuevo ímpetu a la trama. Otros, sencillamente plasman un hecho que el lector no imaginaba que iba a ocurrir ni por asomo, con lo cual la historia gana en dinamismo y ofrece nuevas perspectivas.
Muchos escritores fallan en el desenlace o final. Esto ocurre tanto en cine como en las novelas. Da igual si el final es abierto (en donde es el lector quien decide en función de sus gustos) o cerrado (aquel en el que el autor no da opción al lector). Cualquier opción de final es lícita siempre y cuando se cierren las tramas adecuadamente con un desenlace creíble y si es posible inesperado.
Podríamos seguir teorizando, pero no os quiero aburrir. Insisto en que ser novelista es un oficio para el que se requieren ciertas habilidades que son difíciles de adquirir, aunque bien es cierto que últimamente han proliferado los talleres de escritura, siempre provechosos. Hay catedráticos de Literatura y filólogos que dominan el lenguaje y la teoría, pero no todos tienen la habilidad de escribir una novela, algunos de ellos ya lo intentaron. Pero no se trata de erudición. No olvidemos que hace siglos, los que iban contando historias por los pueblos no eran precisamente los más ilustrados.
Para terminar, diré algo para los que empiezan. Escribid para divertiros si tenéis la vocación, sin pensar en si os van a publicar o no, eso vendrá luego, sin pensar en haceros ricos o en obtener algún dinero de lo que escribís. Si llega, mejor que mejor, pero ese no debe ser el objetivo. Los designios del destino son inescrutables. Hay autores famosos que conservan con cariño veinte o treinta cartas de rechazo de una novela que después fue best seller, de la misma forma que hay quien da el pelotazo a las primeras de cambio. Pero lo normal es que esto sea una carrera de obstáculos larga. Preparaos para pasar horas solos, sin más compañía que el boli y un folio o un ordenador. Y lo más importante, no os creáis escritores buenísimos, eso no ayuda nada en el proceso de creación y os creará frustraciones si no conseguís publicar. Tampoco os derrumbéis por una mala crítica y si lo hacéis, levantaos y continuad. Escribid teniendo siempre presente que es mucho lo que os queda por aprender, aunque cosechéis un éxito importante con vuestras novelas. Yo siempre me repito el mismo mantra: “No somos na…”.

jueves, 17 de mayo de 2012

Vaivén de Blanca Flores, por Virtudes Reza

Hace tiempo que quiero dedicarle unas palabras al Vaivén de Blanca Flores desde mi percepción no formal de sus versos.
Desde el mes de diciembre, tengo el Vaivén en mis manos y no me sorprende viniendo de Blanca, que a cada nuevo repaso de sus versos disfrute más y más. Unos versos para buscar ese desahogo vital que a veces necesita de máscara de oxígeno. La lectura de sus versos sanan el alma como la autora muy bien dice en su  poema "No me pidas que silencie mi voz", como tampoco tiene precio su voz. Una voz que canta constantemente y da gracias a la vida.
Vaivén es la espera en el camino de la vida. La espera de situaciones amatorias y amistosas radicales, deseables de cambio, llegando a  pintar con pinceladas suaves, que el amor y la amistad habitan en nosotros mismos. En la espera del cambio conviven el enfrentamiento de los sentimientos, el descubrimiento, la esperanza de continuar andando sin ser una marioneta, la referencia solitaria de la soledad, el acompañamiento de nosotros mismos. En Vaivén aprenderemos a despertar de lo irreal de sueños propios en la impotencia de vivir en otros sueños que no son nuestros.
“Procurando que la razón/me haga comprender/lo que el corazón no puede” del poema "Borrador"; “Ya está bien y se acabó/estar de más otro rato” del poema  "Setenta y un años de Antonio Machado";”Podré aligerar el equipaje/soltar lastre y mis bártulos/dejar en la cuneta hasta los recuerdos/pero no me pidas el silencio”  del poema "No me pidas que silencie mi voz" muestran el desamor callado y gritado ahora entre aires de libertad. Es el canto agotado de una voz que ha sido apagada   y que ahora viaja desde el abandono melancólico del amor al desenfreno controlado recuperando la identidad perdida.
Con Vaivén he subido montañas con pendientes asfixiantes a 50 grados de temperatura y he bajado con suaves copos de nieve acariciando mi espalda.  Con Vaivén he estado tomando el sol en una isla salvaje y he reposado en mi cama mirando las estrellas del dormitorio.
Vaivén es el viaje de la vida, lleno de maravillosos planos contrapuestos, donde lo oculto se hace patente y la realidad se vuelve opaca. En este viaje Blanca está bien acompañada, en su aderezo justo, con imágenes de Paco Rocha.
En su dedicatoria , entre otras,  yace una sentencia significativa: " A todos y todas los que me permiten ser y volar a mi manera". Así es Blanca, una golondrina que añora el nido de la vida bajo el concepto de la libertad, haciendo cabriolas en el cielo de lo terrenal, buscando arañar la injusticia para darle toques de felicidad.
Vaivén es una carta abierta  llena de poesía y postales firmadas por el amor, el desamor y la esperanza.
"¿Qué más puede ofrecer una mujer?... Si de veras me buscas, me encontrarás"  ( Vagabundear, JM Serrat ). Así es Blanca, si de verdad la buscas, ella siempre está ahí...en el vaivén de la vida.

martes, 8 de mayo de 2012

Reseña de "El círculo alquímico", por Carlos Erice Azanza, autor de "Beautiful Rhodesia"

Lo confieso. Hace muchos, muchísimos años, fui un friki de las novelas esotéricas. Devoraba a toda pastilla cualquier libro que tuviera que ver con templarios, santos griales, conspiraciones vaticanas y mensajes ocultos en pirámides o cuadros misteriosos. Recuerdo, por ejemplo, cuánto me enganché de adolescente a Philipp Vandenberg y La conjura sixtina o, incluso a El péndulo de Foucault de Umberto Eco.

Hasta que llegó el boom del decepcionante Dan Brown con El Código Da Vinci y me alejé del género, yo pensaba que para siempre.

Pero como la tentación vive ahí arriba, o ahí fuera, no he sabido resistirme a catar
El círculo alquímico, de mi colega de editorial Paco Gómez Escribano.

Tal cual.


Y he flipao. Empecé a leerlo en una de estas
tardes lluviosotorrenciales de abril y me ha reconciliado con el género, sí, sí, como lo leéis. Aunque este círculo es mucho más que esoterismo, mucho más. Paco te lleva de viaje, de Berlín a Toledo, a Jerusalén, a Estados Unidos y a El Cairo. Y te hace viajar también en el tiempo a través de una novela negra, incluso de espionaje, narrada con un ritmo trepidante forjado en sus diálogos y en la acción constante. De paso, además, me ha refrescado lo poco que recordaba de aquellas chulísimas clases de Historia del Arte de COU, con sus catedrales, sus frescos y sus pintores manieristas.

Paco fumando, como casi todos sus personajes

No contento con eso, El círculo alquímico dibuja una galería amplia de personajes, de entre los que me quedo con ese enigmático Boris Vasílievich y con los curas de todos los credos, uno de los cuales es navarro, como no podría ser de otra forma.

Pues eso, que Paco sí que vale y amenaza con otra novela para junio, también en
Editorial Ledoria, creo.

Ganas tengo.


Lo malo de Paco es que es merengón. Y, por si fuera poco, también del Athletic.


Es que no somos na.



Sobre el autor de la reseña:

Mi foto
Carlos Erice Azanza
Nací en Pamplona, en Iruñea, en 1971. Estudié Ciencias Económicas y Empresariales, me licencié y, tras residir algunos años en Sevilla, regresé a mi ciudad natal para atrincherarme en la calle más famosa del mundo, la Estafeta. Mi vocación por la ficción arrancó hace unos pocos años, tras más de doce dedicado a la redacción de apasionantes manuales de formación, de procedimiento, informes y memorias, hobby al que me sigo entregando hoy con entusiasmo. Soy autor de 'Beautiful Rhodesia', novela ganadora del III Certamen López Torrijos, publicada por Ledoria. Y también, contra todo pronóstico, he obtenido premios en unos cuantos certámenes de relatos, como el Paso del Estrecho, el de Relato Breve del Ayuntamiento de Pamplona o el MostrARTEnavarra.
 
Su novela "Beautiful Rhodesia":
 
Beautiful Rhodesia

miércoles, 2 de mayo de 2012

La que nos espera..., por Paco Gómez.

Lo de la crisis no agrada a nadie, desde luego. Pero también me desagrada que nos tomen por tontos, que nos digan que hemos gastado más de lo que hemos ganado y que por tanto nos toca a la gente del pueblo pagar el pato. Lo cierto es que España en 2007 tenía superávit, es decir, ingresaba más dinero del que gastaba. Luego vino el crack de las hipotecas americanas y el desplome de la banca europea. Fueron los gobiernos los que metieron en la banca no solo el dinero del que disponían, el nuestro, sino que se endeudaron para seguir inyectándoles liquidez.

Lo cierto es que si usted tiene una hipoteca, da igual el banco, quizás lo que no sepa es que adeuda el dinero que le prestó ese banco a un especulador que vive en Holanda, pongamos por caso, y cuyo domicilio fiscal está en un paraíso..., fiscal. Este especulador, al igual que otros muchos, han comprado su hipoteca y las de muchos otros trabajadores, a quienes ahora bajan sus sueldos o incluso despiden, una vez que despedir se ha abaratado merced a la nueva reforma laboral.

A partir de ese momento, gente sin escrúpulos que se forra a su costa jugando al Monopoly, se dedican a engrandecer sus fortunas pidiendo créditos al BCE al 1% y comprando deuda a los países “pringaos” como el nuestro, que les reporta un interés del 6%. Y todo eso sin moverse de los sillones de sus mansiones, ya que cuentan con cohortes privadas de brokers y agentes de bolsa.
Los gobiernos europeos han ido cayendo tras sucesivas elecciones. Pero lo cierto es que los nuevos se han dedicado a poner de manifiesto su miseria moral, gobernando a golpe de decreto, como en las más rancias dictaduras, recortando en Sanidad y Educación, metiendo mano a los funcionarios y mermando el poder adquisitivo de nuestros mayores a través de sus pensiones o a través del copago sanitario.

A la situación española no han ayudado nuestros políticos, enrocados en una amalgama de instituciones (estado, autonomías, diputaciones, ayuntamientos...) muy bien diseñadas para su propio regodeo, una mera forma de adquirir riqueza y solucionarse sus vidas y las de sus hijos, familiares y amigos, amparados por una ley electoral injusta. Si bien no podemos hablar de corrupción generalizada, los cargos en los que se instalan les proporciona un modus vivendi muy próximo a la estafa continuada a los ciudadanos. Y cuando pillan a alguno con las manos en la masa, sus caros abogados y el sistema penal les ampara. Lo realmente curioso, digno de un estudio sociológico, es que la gente los sigue votando.
A todo esto hay que añadir el inmovilismo popular, el conformismo de obreros y parados que hacen el don Tancredo ejerciendo un pasotismo físico e intelectual que serían dignos de otro estudio sociológico. Celebramos en mayo cotas de paro históricas, desahucios en masa, bajadas de sueldo, copago sanitario, recortes nunca vistos en educación. Y aun así, la gente aguanta. Es más, han dado mayoría absoluta a un partido que sabíamos que iba a hacer lo que está haciendo, quedando como segunda fuerza política otro partido que es muy culpable de la situación que vivimos ahora. Increíble.

Apenas ha habido una huelga general de un día, efímera como el más efímero de los cometas. Y una huelga descafeinada en Madrid por parte de los profesores, de un día o dos a la semana, hasta que acabó desinflándose. Todavía se oyen las carcajadas de la Presidenta de nuestra comunidad por la calle Alcalá. Como respuesta, se ha elevado la ratio en secundaria hasta 40 alumnos, que veremos el guapo que le echa cojones a dar clase en estas condiciones. Por si faltaba algo, reducen las becas de manera escalofriante, volviendo a los tiempos de que quienes estudiaban eran solo los hijos de los ricos. No hablemos de investigación, porque me da la risa. Ni de las privatizaciones, que han llegado a Sanidad y llegarán a Educación.

Decía un experto el otro día, que empezaremos a ver una lucecita quizá en 2016 y eso si no pasa nada, comparando la situación actual a los prolegómenos de las dos grandes guerras. Esperaremos e iremos a trabajar aunque estemos enfermos, ya que la mayoría no podemos permitirnos que nos paguen la mitad si nos damos de baja, caso de los funcionarios. A veces pienso que tenemos lo que nos merecemos. La que nos espera...

jueves, 19 de abril de 2012

“La tribu maldita”, de Víctor Fernández Correas, por Paco Gómez

Cuando Víctor Fernández Correas me dijo que iba a publicar nueva novela, me alegré, pues siempre es motivo de celebración la publicación de una nueva obra de un buen escritor, y más si se trata de un amigo. Cuando me dijo la temática de la misma, me sorprendió y me asustó a partes iguales, ya que el argumento trata de la historia de una tribu del Pleistoceno y desde luego no es nada fácil ponerte a fabular sobre un entorno que no conoces. Pero ser novelista es un oficio, y Víctor conoce todas sus claves. Me lo imagino leyéndose sesudos ensayos y hablando con unos y con otros para tratar de dar forma a una historia entrañable de vida y de muerte, del hombre en los albores de la civilización luchando cada día por sobrevivir.

“La tribu maldita” (Temas de hoy, 2012) comienza describiéndonos la cotidianeidad de los días de una tribu perteneciente a la especie “Homo heidelbergensis”, raza que se sitúa entre el “Homo antecessor” y el hombre de Neanderthal; la tribu de Anar, un anciano que atesora la suficiente sabiduría como para mantener la esperanza de supervivencia de su clan. Una especie que no conocía el fuego y que, por tanto, comían la carne cortada con lajas a dentelladas, y que se entendía con gruñidos y con vocablos monosilábicos muy básicos.

El grupo estaba debidamente estructurado en cazadores y recolectoras, básicamente. Cada cual sabía muy bien el papel que debía jugar. Así, Kamu, el jefe de los cazadores, ejercía también de jefe de la tribu y tomaba decisiones ayudado por los sabios consejos de Anar. Víctor nos va metiendo en la historia de forma magistral. Primero narrándonos los cotidianos días de la tribu, sometida en todo momento a las inclemencias del tiempo, a las catástrofes naturales y al peligro de las bestias que por aquel entonces no eran pocas (osos, lobos, leones, rinocerontes, etc.). Precisamente por una catástrofe natural, la tribu de Anar, de Kamu, de Numu, del perverso Naaj y de la deseada Kanai, que se integra en la tribu más tarde para adquirir el rol de personaje protagonista, se ve obligada a emigrar en busca de nuevas tierras. Esto les deparará nuevas aventuras, entre ellas el contacto con otras tribus, no siempre pacífico.

A pesar de que la especie tenía instintos y sentimientos primitivos, Víctor nos muestra a través de diversos sucesos que ya existían emociones como el amor, el afecto, el odio y los celos. En cualquier novela, los diálogos suelen formar parte de la trama y se intercalan en mayor o menor medida entre los párrafos del narrador. Desahogan al autor en el proceso de creación y contribuyen a que la lectura sea más dinámica para el lector. El problema aquí es que los homínidos no hablaban y, por tanto, no podían mantener conversaciones más allá de gruñidos o palabras cortas, como ya he dicho. El mérito del autor en este caso es hacer la novela muy amena prescindiendo obligatoriamente de los diálogos. Y sin embargo, según iba yo avanzando en la novela, tenía en mi mente a todos los personajes perfectamente caracterizados, como si el autor lo hubiese hecho a través de unos diálogos invisibles, en fin, algo tan raro como mágico.

Con esta novela, no solo se lee una historia, sino que uno se ve reflexionando cuando para de leer sobre el milagro de que hoy estemos aquí, concluyendo que detrás de la existencia de cada hombre actual hay toda una concatenación de experiencias de cada uno de sus antepasados, historias de lucha por la supervivencia y avatares debidos también al mero azar. Hoy en día, un problema cotidiano se soluciona y en paz. Pero en aquellos tiempos, un hombre podía morir porque se le caía un diente y la infección acababa con él.

Nos encontramos, por tanto, ante una novela histórica, terreno en el que Víctor se mueve como pez en el agua. Ya su primera novela, “La conspiración de Yuste” (La esfera de los libros, 2008), lo era. Pero también es una novela épica por las luchas con otras especies animales y contra otros clanes rivales. Los libreros la catalogarán de histórica para situarla en los anaqueles de las estanterías que albergan este género, pero si la leéis detenidamente, podréis encontrar retazos de novela romántica e incluso de novela negra, así como de novela ecologista, si es que existe este género, dado que estos hombres respetaban y temían a la madre naturaleza.

Para terminar, decir que a Víctor Fernández Correas le ha quedado una novela redonda. El tipo incluso ha tenido la osadía de inventarse un idioma de 37 vocablos cuya traducción nos muestra al final del libro. Y al final del libro, nos habla también en un pequeño ensayo de la sima de los huesos de Atapuerca, cuyos restos de fósiles de homínidos y de otros animales le han servido para entretejer esta historia. Desde luego, el mérito como escritor es digno de alabanza, así como su faceta de investigador, de la cual se da cuenta en el pequeño ensayo final. No me queda nada más que decir, salvo darte la enhorabuena, amigo, y que espero que vuelvas a publicar pronto, que independientemente del género, aquí tendrás siempre un fiel seguidor de tu forma de escribir.


Víctor Fernández Correas nació en Saint Denis (Francia) en 1974. Hijo de la emigración, aunque reside en Getafe (Madrid), se siente extremeño por los cuatro costados. Y, más en concreto, Verato.

Como periodista colabora con distintos medios y consultoras relacionados con las Tecnologías de la Información y el mundo de la pequeña y mediana empresa.

Como escritor comenzó su andadura en el mundo de las letras en el año 2000, fecha en la que obtuvo el Primer Premio de Relato Corto de Valverde de la Vera (Cáceres) en su modalidad local. Galardón que repitió al año siguiente, en 2001, con un relato titulado ‘Epílogo Imperial’. También resultó ganador del Primer Certamen de Relato Corto Princesa Jariza, de Jaraíz de la Vera (Cáceres) en 2001. Siete años después, muy ampliado y desarrollado, ‘Epílogo Imperial’ se convirtió en su primera novela: La conspiración de Yuste, en la que narra los últimos meses de vida del emperador Carlos V.

Tiene por delante varios proyectos literarios que pretende desarrollar en los próximos años. Y sigue aspirando a escribir y a divertirse haciéndolo.

martes, 10 de abril de 2012

Nuestra Señora de la Luna, de José Luis Correa, por Paco Gómez Escribano

Cierto día, mi amiga, la profesora y poetisa Raquel Zarazaga, me avisa de que José Luis Correa presenta en Madrid su novela “Nuestra señora de la Luna”, publicada por la editorial Alba. Como me fío del criterio de esta bilbaína afincada en Cádiz, apunto la fecha de esta presentación y me paso por el Espacio Canarias a conocer a este autor y su obra, cancelando otros compromisos. Al llegar allí, me entero de que este profesor canario se dedica desde hace tiempo al género negro y que esta es la quinta entrega de su detective Ricardo Blanco, cuyo ámbito de actuación es la isla de Las Palmas.

La presentación se la hizo el periodista, también canario, Juan Cruz. En la misma hubo bastante gente, que escuchó al autor describir, entre otras cosas, su forma de escribir, su manera de encarar una novela. Ciertamente, el escritor sabía de lo que hablaba cuando nos explicó sus sensaciones al escribir, definiéndose como un escritor de brújula, es decir, que sabe el final de sus novelas pero no la forma de llegar hasta él, dirigiéndose hasta el desenlace de forma intuitiva, sobre la marcha.

Me marché de allí con buenas sensaciones, con mi novela firmada y con una botella de vino canario Humbolt, que de todo se puede adquirir en el Espacio Canarias. La novela pasó a engrosar la lista de espera de mis lecturas, pero me llamaba desde el anaquel de la estantería en la que estaba alojada, así que me metí en la historia en cuanto pude.

La novela comienza con la aparición de un hombre en una carretera semidesnudo y ensangrentado, caminando en estado catatónico. Continúa con la desaparición repentina de un periodista. Estos hechos, aparentemente inconexos, conducirán al inspector Álvarez y al detective Ricardo Blanco, contratado por la madre del periodista, a trabajar juntos para desentrañar una trama de venta de obras de Arte “descuidadas” por elementos del clero.

El libro se lee del tirón, ya que José Luis tiene un estilo ágil y sencillo que provoca constantemente la curiosidad del lector. Va alternando capítulos en que nos muestra, por un lado, la investigación del detective Ricardo Blanco, narrando los hechos en primera persona en boca del propio detective; y por otro, emplea la técnica del narrador omnisciente para contarnos las investigaciones del inspector Álvarez. Esta combinación de las dos formas narrativas enriquece sustancialmente la obra, ya que por un lado, ofrece al lector las vivencias del detective en primera persona, acercándonos a su universo interior lleno de cinismo al más puro estilo Chandler, pero con la originalidad de hacer convivir al lector con un Marlowe canario. Sin duda la primera persona es la mejor forma de transmitir los sentimientos y el estado de ánimo del protagonista narrador, aunque bien es cierto que no aporta más información que la que existe alrededor del que narra. José Luis soluciona esta carencia ofreciéndonos capítulos narrados con la técnica del narrador omnisciente en los que nos ofrece más datos de la investigación en la persona del inspector Álvarez y sus ayudantes, que se convierte de esta forma en coprotagonista junto a Ricardo Blanco, y buena pareja que hacen ambos.

El mezclar estos dos estilos de narración se aleja de los férreos esquemas que utilizan una técnica u otra, preponderantes hasta ahora, y rompe definitivamente clichés establecidos que muy pocos autores se atreven a romper. En “Nuestra señora de la luna” el resultado es espectacular.

He de agradecer a mi amiga Raquel, por tanto, el haber descubierto a un autor veterano, aunque bastante desconocido, y el placer de haber situado a Canarias como escenario de una novela negra. Así que, a partir de ahora, estaré atento a lo que hace José Luis Correa. Y con tiempo, a ver si puedo ir leyendo sus anteriores novelas.

José Luis Correa (Las Palmas, 1962) es profesor de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Tras una breve etapa como autor de relatos cortos, en la que obtiene algunos premios como el Julio Cortázar (La Laguna, 1998) o el Campus (Las Palmas de G.C., 1999) se ha instalado definitivamente en la novela con títulos como Me mataron tan mal (Premio Benito Pérez Armas, 2000) y Échale un ojo a Carla (Premio Vargas Llosa, 2002). Con Quince días de noviembre (Alba, 2003) inicia la serie que tiene como protagonista a Ricardo Blanco, que continuará en Muerte en abril (Alba, 2004), Muerte de un violinista (Alba, 2006) y Un rastro de sirena (Alba, 2010).

martes, 3 de abril de 2012

Un buen lugar para reposar, de Luis Gutiérrez Maluenda, por Paco Gómez

Lo he dicho muchas veces. Mientras que hay autores o novelas que llegan a nosotros a través de una crítica o un cartel publicitario, otros lo hacen por pura casualidad. Es así como conocí a Luis Gutiérrez Maluenda. Soy asiduo a las sesiones de losSábados Negros, en la libreríaTraficantes de Sueños de Madrid. Aquel día ya lejano, vi que el autor invitado era Luis. Los organizadores, especialmente en aquella ocasión, prepararon un evento entrañable que giraba en torno al jazz, dado el gusto de este autor por el género musical, y además, muy acertadamente, invitaron a conferenciar a Juan Claudio Cifuentes “Cifu”, conductor durante tantos y tantos años del mítico programa “Jazz entre amigos”. La velada fue magistral, con las cientos de anécdotas de “Cifu” sobre un género que no es para el gran público. Siempre recuerdo esa tarde con cariño, sobre todo cuando acudo a“La Fídula”, en Huertas, a ver jazz en directo, como el pasado sábado.

Después de la charla de “Cifu”, Manolo, que siempre actúa como moderador en los Sábados Negros, dio la palabra a Maluenda, un tipo delgado, enjuto y de pelo plateado. Su discurso fue tan convincente que compré las dos novelas que estaban a la venta en Traficantes de Sueños, cosa que nunca suelo hacer, ya que primero se compra una para ver si te gusta. La anécdota fue que me llevé ambas firmadas por el autor y por “Cifu”.

La primera que leí fue “Los muertos no tienen amigos”, tercera de una serie que empezó con “Putas diamantes y cante jondo” y “Una anciana obesa y tranquila”. Lo único que puedo decir es que flipé como un contable en un concierto de Iggy Pop. Me pareció maravilloso el universo del detective Basilio Céspedes, alias “el Humphrey”. Desestimando otras lecturas que tenía en lista de espera, me sumergí rápidamente en “Mala hostia” para conocer a “Atila”, su otro detective, cuyo despacho es una mesa al fondo de un locutorio regentado por una argentina con la que Atila comparte también escarceos sexuales. Flipé, esta vez como un esquimal en un Eroski.

A partir de aquí, recorrí las librerías para hacerme con toda la bibliografía del autor. Incluso cuando compré el kindle, lo primero que hice fue descargarme sus novelas que solo están publicadas en formato e-book. No fue fácil adquirir los ejemplares, ya que hasta ahora, Maluenda no ha publicado con grupos editoriales fuertes, y ellos que se lo pierden.

La última novela de Luis es “Un buen lugar para reposar”, segunda de la serie de Atila que empezó con “Mala hostia”, ambas publicadas con la editorial “Al revés”. En ella, el autor nos vuelve a deleitar con esos paisajes de barrios marginales poblados por delincuentes, yonkis, putas, proxenetas y estafadores de medio pelo. El escenario, como en todas las novelas, es Barcelona. Atila sigue atendiendo a sus clientes en la mesa del locutorio de Lena, con esa foto de una mujer y un niño comprada en un bazar sobre su mesa “para dar ambiente al negocio”. En este caso, el detective investiga el caso de unos asesinatos de mujeres cuyo nexo común es haber contactado con su cliente por una web de contactos. También ayuda a una anciana a la que una inmobiliaria sin escrúpulos extorsiona a través de unos manguis para echarla de su piso y construir un inmueble nuevo. A Atila sigue sin gustarle el mundo y su trabajo no le ayuda. Así que su mejor amiga sigue siendo la botella de Vat 69, siempre agenciada a buen precio en el pakistaní de la esquina.

El estilo de Maluenda es conciso y certero. Sus personajes son herederos de la tradición chandleriana y hammettiana, pero la gracia es haberla trasladado a un tiempo actual y a un escenario conocido para los lectores españoles. Pero además, si adoro a Chandler y a Hammett, es porque fueron pioneros, aunque bien es cierto que ellos no cuidaban en exceso las historias porque les importaban más los paisajes. Y como a mí me gustan las historias, puedo decir sin ningún complejo que a mí me gusta más Maluenda. En sus narraciones utiliza la primera persona que, a pesar de perder hechos y acontecimientos externos al protagonista narrador, agudiza el sentimiento y el estado de ánimo del personaje, ideal para una novela negra, género que demuestra una vez más que es el propicio para hacer crítica social. En el caso de “Un buen lugar para reposar”, como ya he dicho, Maluenda arremete contra las inmobiliarias de corte mafioso y contra las webs de contactos tipo red social y aparte nos enseña los entresijos de los barrios marginales, con sus virtudes y sus miserias.

Los personajes están bien caracterizados. Un ejemplo de ello es el propio Atila, un detective nada convencional que, como en esta novela, no duda en poner en juego su propia vida para resolver un caso. También tenemos a Lena, dueña del locutorio que alberga su despacho y a las adoradoras del Ballenato, un curioso grupo de mujeres dadas al cotilleo y a los chismes. Carrito es un camarero que trabaja en un bar frecuentado por Atila. Es colombiano y vive medio escondido por ser antiguo miembro de las FARC. Va a lo suyo, pero no duda en ayudar a Atila cuando la vida de este ha corrido peligro en cada una de las novelas de la serie. Otro de los personajes fijos es Valentina, dueña del bar donde trabaja Carrito y enamorada perdidamente de Atila, para sorpresa de este.

Como curiosidad, destacar que Maluenda hace un guiño en uno de los capítulos a una de sus novelas. Y mete de personaje a una persona real como es Jordi Canal, director de la Biblioteca La Bòbila de Hospitalet, especializada en género negro. Para terminar, diré que como lector, sus novelas han sido todo un descubrimiento. Y como escritor, creo que me ha influenciado positivamente. Tanto, que cuando sea mayor, quiero escribir como Maluenda.

El autor: Después de dedicarse buena parte de su vida a ejercer de ejecutivo informático, decide abandonar para escribir novelas de género negro. Su primera novela, Putas, Diamantes y Cante Jondo, fue finalista del premio Mejor Primera Novela de 2005 otorgado por la Asociación de Novela Negra y Policíaca Brigada 21. Otras de sus novelas son 806 Solo para adultos, finalista del premio Yoescribo.com, Música para los muertos (2007) y Una Anciana Obesa Tranquila (2009). Ha publicado también ensayos y cuentos en diferentes medios culturales, como las revistas El coloquio de los perros y Prótesis o el fanzine LH’ Confidential; su cuento «Harlem» figura en la antología La Lista Negra que reúne a los nuevos valores de la novela policíaca española. Asimismo, su conferencia sobre la importancia del jazz y el blues en la novela negra, se incluye en el libro Geografías en Negro. Complementa su tiempo asistiendo como invitado a conferencias y mesas redondas en torno a su tema preferido, novela negra, jazz y blues.

(Biografía obtenida de Al revés editorial)

Novelas:

Un buen lugar para reposar, 2012

Un caniche blanco muerto, 2012

Los muertos no tienen amigos, 2011

Mala hostia, 2011

El árbol bajo el que siempre llueve, 2011

Un origen salvaje, 2011

Una anciana obesa y tranquila, 2009

Música para los muertos, 2007

Putas, diamantes y cante jondo, 2005

martes, 13 de marzo de 2012

Mi barrio no es ninguna pradera (la fiesta de las sobras), por Paco Gómez

Voy de recogida, pero necesito ver a algunos antiguos colegas, saber que están bien. Abro la puerta del garito y me invade la típica atmósfera de humo. Aquí se sigue fumando, a pesar de lo que dijera Zapatero y sus ministros pijos, que de socialistas tenían lo mismo que yo de fascista. Me saluda el Nicky, aunque decir esto es un eufemismo, porque al Nicky no se le entiende nada cuando habla, y habla mucho, demasiado. Me tiene una hora escuchándole, pero no me entero de nada, excepto de que una vez le dejaron unos zapatos para entrar a una discoteca y como eran de la talla cuarenta y cinco y él usa un treinta y nueve, pues eso; empieza a caminar en círculos para que su explicación sea más gráfica riéndose de sí mismo. Vaya tela el Nicky, delgado y reseco. Keith Richards tiene mejor cara.

Después converso un rato con el Litri, que siempre me recuerda que él ya era mayor cuando yo aún era un enano y que mis padres eran muy buenas personas. Tampoco le entiendo apenas, pero no puedes escapar, pues es de los que si te intentas ir te toma del brazo y te sigue dando la charla.

Cuando logro huir me encuentro con el Carlos, su hermano. Lleva coqueteando con el alcohol y las drogas desde que tengo uso de razón. No obstante, me enseña su abdomen orgulloso, un abdomen en plan tableta de chocolate que yo no me explico. Después me imita a Popeye y me parto el pecho.

Sigo conversando con unos y con otros. Todos ellos decidieron que la vida no les gustaba nada más abrir los ojos en la maternidad. Hay demasiadas personas con demasiada maldad, pero toda esta pléyade de colegas del barrio no formaron un comando para cargarse banqueros o para robar sus bancos, no. Decidieron darse a la vida contemplativa haciéndose daño únicamente a ellos mismos, ya que para olvidar que están en el planeta Tierra, lo mismo vale un botellín, que una raya de coca o un porro de caballo.

Camino hacia mi casa pensando en ellos. Buena gente nacidos en un sitio equivocado en tiempo erróneo. Gente de buen corazón. Me quedaría mil veces más con cualquiera de ellos si naufragara en una isla desierta que con un banquero o con un político. Seguro que estos últimos te daban con una piedra en la cabeza para quitarte un coco a las primeras de cambio.

El barrio ha cambiado, lo compruebo a la mañana siguiente. Hay más prosperidad en general, pero la crisis ha hecho de las suyas y hay más comercios cerrados que nunca. Te puedes encontrar con la miseria en cada esquina. También a viejas amigas, como la soledad o la tristeza. Aquí, la muerte ha paseado mucho más a menudo que por el barrio de Salamanca.

Y sin embargo, por las calles de mi barrio me siento feliz. Debe ser por lo de las raíces, aunque estas debieron quedar ancladas en uno de los muchos descampados de los setenta. A veces creo que así fue y que me mantengo unido a ellas por una goma elástica invisible. Paso la mañana paseando y leyendo, alternativamente, y observando a la gente. Nunca se sabe cuándo vas a cazar un nuevo personaje para una nueva novela. Al llegar a la altura del supermercado, veo a muchas mujeres y niños en la puerta. Son rumanos de etnia gitana. Cuando los empleados sacan la basura consistente en productos caducados, la algarabía que se produce es demasiado llamativa como para no fijarse. Arramblan con yogures, pan de molde, leche... Todo gratis. La fiesta de las sobras.

Me siento en un banco, saco mi boli y mi libreta y escribo un poema titulado precisamente así, “La fiesta de las sobras”. Más adelante ganaría con él un premio de poesía social, pero esa es otra historia. Mirando un punto en el horizonte mientras me enciendo un cigarrillo, se me vienen a la cabeza las estrofas de Sabina. “Mi barrio no es ninguna pradera..., mi barrio no es ninguna pradera...”

martes, 6 de marzo de 2012

Letal como un solo de Charlie Parker, por Paco Gómez Escribano

Javier Márquez Sánchez es un sevillano que el año pasado, por cuestiones laborales, decidió afincarse en Madrid, en pleno centro. Es periodista, ensayista, novelista, toca la guitarra, canta y le gusta disfrutar de unas copas entre amigos. Antes de escribir su primera novela, “La fiesta de Orfeo”, ya había escrito varios ensayos en clave biográfica, todos ellos relacionados con actores o cantantes. Le fascina la vida y cree que no debe dejarla pasar. Si de aprovechar unos buenos momentos se trata, bien sea paseando por las calles de Madrid o degustando unas buenas viandas que bien pueden desembocar en una velada musical, él es el hombre. Si luego echamos una cabezada, nada mejor que hacerlo sumergiéndonos en cualquiera de sus libros.

El pasado 23 de febrero, nos presentó su última novela en el Ernie's Station, un bar en el que se puede cenar y tomar copas muy recomendable, situado en la madrileña calle de las Fuentes. Acompañaron al escritor los diestros negrocriminales Pedro de Paz y Carlos Salem y, por supuesto, Pablo Mazo, su editor y alma máter de la Editorial Salto de Página, culpable del alumbramiento de “Letal como un solo de Charlie Parker”, tercera novela del autor. La pasada semana, la novela se presentaba también en Sevilla.

Puedo decir sin temor a equivocarme que la novela es genial. Javier sitúa la trama en los años cincuenta en la ciudad de Las Vegas y alrededores. El protagonista, Eddie Bennett, alias el Figura, alias el Gato, actúa de detective sin serlo, ya que en realidad, con un pasado ligado a los bajos fondos, se dedica a resolver problemas para los chicos listos de Las Vegas. Vive en una suite de hotel en un tiempo en que las comeduras de coco se solucionaban, lejos de solicitar los servicios de un psicólogo, con una conversación con tu barman de cabecera.

La novela comienza con un Eddie mayor que entabla conversación en un bar con una joven periodista mientras resuelve en menos de dos minutos un asunto. Javier emplea la analepsis o el flasback, por utilizar un término más conocido, para llevarnos de la mano a un tiempo que le fascina, al Las Vegas de los cincuenta, poblada de mafiosos y actores. A Eddie le encargan investigar el posible asesinato de una chica que actuaba de extra en el rodaje de la película “El conquistador de Mongolia”. Pronto se da cuenta de que las autoridades tienen más interés en archivar el caso como un suicidio que en esclarecer los hechos. Pero Eddie se meterá en más de un problema al obstinarse en descubrir la verdad.

Podríamos calificar la novela como un clásico dentro de las de género negro, factor que se acentúa al transcurrir la novela, como ya he dicho, en un lugar y en una época que han sido escenario de tramas y argumentos de novelas y películas escritas y dirigidas por escritores y directores que han sentado las bases del género. Ciñéndose a los cánones que sentaron autores como Chandler o Hammett, Javier Márquez va más allá. Si bien a los autores mencionados en muchas ocasiones no les importaba la historia, sino los escenarios, Javier nos describe escenas chandlerianas, pero también nos cuenta algo, con un planteamiento, un nudo y un desenlace, que deja abierta la puerta para futuras historias protagonizadas por Eddie el Figura, y ojalá que así sea. Aparte de la trama central, nos sumerge en una atmósfera de mafiosos que se entremezclan en una telaraña con el gobierno de los Estados Unidos a través del ejército y la CIA, en un ejercicio que para nada es ciencia ficción, ya que los intereses de unos y otros han sido coincidentes en más de una ocasión. Y ya se sabe aquello de que el fin justifica los medios. Sin ser explícito al cien por cien, Javier nos proporciona una madeja de la que poder tirar a nada que el lector decida investigar por su cuenta esas curiosas conexiones. Valga como ejemplo la alianza que en su día protagonizaron el gobierno de Estados Unidos y Lucky Luciano para el desembarco en Sicilia de los aliados.

Otro de los detalles encantadores de la novela es que mezcla a personajes ficticios con personajes reales. Así, podemos ver a Eddie el figura manteniendo una conversación con Dean Martin o con el mismísimo John Wayne, actores bien estudiados por el autor a juzgar por cómo ha plasmado sus costumbres, hábitos y formas de ser, reconocibles a todas luces por cualquier estudioso de la materia.

Doscientas sesenta y ocho páginas llenas de acción que captan toda una época para desarrollarla en forma de novela que nos enseñan a tipos sin escrúpulos dirigiendo los principales hoteles y casinos de una ciudad, Las Vegas, construida en pleno desierto para aislarse de todo y de todos. Una historia con la Mafia al frente de todos los negocios, con conexiones con el gobierno y con los principales artistas del momento que, si querían actuar en los mejores espectáculos, debían tratar inexorablemente con los chicos listos. Una novela que, bajo mi punto de vista, encumbra definitivamente a Javier Márquez Sánchez entre los mejores autores de género negro de este país, que no son pocos, cuyo talento, sobradamente demostrado en sus anteriores libros, estalla definitivamente dejando la impronta de Eddie el Figura en los anales del género. Sus lectores estamos de enhorabuena.

Para conocer más sobre la trayectoria del autor, visita su página web:http://javiermarquezsanchez.com/

miércoles, 25 de enero de 2012

El evangelio del Tíbet, de Álvaro Bermejo, por Paco Gómez

Hay libros y autores que llegan hasta uno por casualidad, como si lector y autor estuvieran predestinados a encontrarse en este tejido enrevesado que es la vida. La última vez, me ocurrió en la estación de Chamartín. Me entretuve fisgando por aquí y por allá haciendo tiempo hasta que saliera mi tren y de repente, me encuentro un puesto de libros de oferta. Enseguida me llamó la atención el título: “El evangelio del Tíbet”. No conocía al autor, Álvaro Bermejo. Pero el libro y la sinopsis me llamaron poderosamente la atención. Vi que la editorial eraAlgaida, que patrocina un gran número de premios en este país. Y, efectivamente, la novela había ganado el Ateneo de Novela Histórica de Sevilla en 2007. Por si no eran bastantes estas referencias, el libro estaba de oferta, a cinco euros.

Como estaba enfrascado en la lectura de otra novela (y cuándo no), no la leí inmediatamente. Pero en cuanto la cogí, no pude parar. Me pareció por momentos estar leyendo otra vez a Lobsang Rampa, que tanto significó para mí en la adolescencia. El libro nos cuenta de forma novelada la historia de un viaje vital, el de un arqueólogo que desde el comienzo de su profesión ha trabajado en enigmas tales como los manuscritos de Qunram, y para el que la figura de Jesús de Nazareth ha significado mucho, ya que no ha dejado de aparecérsele en toda su vida profesional. Si lógico es que lo hiciera en Israel, parece menos normal que lo haga en el Tíbet basándonos en la ortodoxia. Pero si nos basamos en los evangelios apócrifos y en otros escritos que apuntan que el Nazareno no murió en la cruz, la cosa no resulta tan extraña. De hecho, el malogrado investigador y escritor españolAndreas Faber-Kaiser, ya apuntaba en esa dirección, como quedó patente en su libro “Jesús vivió y murió en Cachemira”.

“El evangelio del Tíbet” nos hace viajar, pero también nos hace pensar, desde el terreno de la ficción especulativa, y nos hace preguntarnos si todo lo que nos han contado es cierto, teniendo en cuenta que los cuatro Evangelios de la Biblia no son los únicos, y que fueron elevados a la categoría de canónicos arbitrariamente en el Concilio de Trento (1546), obviando por “impuros” a más de setenta evangelios apócrifos que cuentan otras cosas distintas de la versión oficial. Álvaro Bermejo nos hace participar en la idea de que Jesús viajó hasta la India y el Tíbet antes de comenzar su vida pública y aún después de ser crucificado, ya que de alguna manera se libró de morir. La novela, además, nos ofrece paisajes paradisiacos y hasta utópicos, como los míticos reinos de Shangri-la o Agartha y personajes entrañables llenos de matices.

Una obra, por tanto, altamente recomendable y avalada, como decía al principio, por ese premio y por una editorial como Algaida. Ya espero el momento de leer el próximo libro del autor.

Cuentos y relatos

1990 - La torre de Casandra Colección Max Aub de Narrativa Breve. Castellón

1991 - La torre de Casandra Editorial Baroja. San Sebastián

1998 - La soñadora Premio Gabriel Sijé. Caja de Ahorros del Mediterráneo. Alicante

Obras de teatro

1992 - E lucevan le stelle Laga Editorial. Bilbao

Libros de viajes

1993 - Azul, en colaboración con Alberto Schommer

Novelas

1986 - Las arenas y el templo Caja de Guipúzcoa, San Sebastián.

1989 - La Madonna de la Tempestad Ed. Arnao. Madrid.

1990 - El descenso de Orfeo Arnao. Madrid.

1995 - Benarés Edit. ‘Júcar’. Madrid.

1996 - El Juego de la Mandrágora Edit. Junta de Extremadura.

1998 - El Reino del Año Mil Edit. Algaida. Sevilla.

2001 - La Piedra Imán Edit. Algaida, Sevilla.

2008 - El Evangelio del Tíbet Edit.Algaida, Sevilla.

2009 - Contracorriente Editorial Nerea.

2010 - El Laberinto de la Atlántida Edit.Algaida, Sevilla.

Premios literarios

1981 - Premio Ateneo Guipuzcoano de Poesía

1982 - Premio de relato Luis Buñuel

1985 - Premio de relato Ciudad de San Sebastián

1987 - Premio de novela Ciudad de Irún

1988 - Premio de relato ‘Actual’ (Caracas)

1989 - Premio de novela Pío Baroja / Gobierno Vasco

1989 - Premio de relato Ciudad de San Sebastián

1991 - Premio International de relatos ‘Max Aub’

1991 - Premio de relato ‘Imagina Euskadi´

1993 - Premio de Teatro del Gobierno Vasco

1995 - Premio de novela Pío Baroja / Gobierno Vasco

1997 - Premio ‘Felipe Trigo’ de novela, concedido por la Junta de Extremadura

1997 - Premio de novela breve "Gabriel Sijé"

1998 - Premio de novela "Ciudad de Salamanca"

2001 - Premio "Ateneo de Sevilla"

2001 - Premio "Certamen Periodístico Internacional San Fermín" Pamplona

2007 - Premio de novela histórica “Ateneo de Sevilla”

2008 - Finalista Premio “Solos de Clarín”

2009 - Premio internacional de Novela Histórica Luis Berenguer"

2011 - Gourmand Coobook Award, en la categoría de Best Cookbook Corporate, concedido por Gourmand International , por su libro "La increíble historia de la gula".

2012 - Candidato al Premio Gourmand Best in the World 2011

sábado, 21 de enero de 2012

Paseo por la vida, de Virtudes Reza

Paseo por la vida,
mojada por gotas de lágrimas
que se evaporan en el espejismo de tu presencia,
dibujada en mis ojos.

Abrigo cada paso con el pálpito
que vuela sobre mi rostro
impávido ante el derroche del sentimiento
en el ansia de refugio
de un amor al que no pongo precio.

Paseo sobre mis pasos
los que anduve
los que quedan por dar.
Y miro que el camino no está hecho,
y la flor que estuvo en la ventana
sigue floreciendo,
y la brisa sigue acariciando mi cara;
el sol sigue dando ese calor
que necesito.

Observo la rutina del que no tiene prisa,
y el que ahoga su tiempo sin darse cuenta.
Sigo en el camino como espectadora,
y me salpica ese coche que pasa rápido
ante el charco de agua que no debió estar
donde yo estaba.
Paseo por esa vereda
en medio del gentío,
entre las carcajadas tontas
y el llanto inútil,
de aquellos que no aprecian la vida.
Y la luz de tu mirada
y el eco de tu voz
taladran ese corazón ralentizado,
en tu tiempo.

Paseo por la vida
y me asusto,
me escondo,
y a veces salgo corriendo,
te miro
me sonrojo
me coges la mano
y el suspiro no cabe en mi pecho.

Vivo lo que el día me da,
lo que cada paso me da,
y la vida se sigue tornando
de esos colores
que antes no apreciaba.

Paseo por la vida,
y mi mente,
juega a no olvidar.
Y sigo observando
que no te fuiste ayer,
y que aún hoy
y tal vez mañana,
mis recuerdos se pierdan
en ese horizonte gigante
testigo de amaneceres
y aromas con sabor a luna.