domingo 15 de noviembre de 2009

Un día tranquilo, de Paco Gómez

Los sábados molan. Casi es como un día de diario porque no cierran los comercios pero no tengo que ir al trabajo. Me levanté y me tomé el café con mi cigarrito y estuve dos horas escribiendo mi ya cuarta novela. No me merece la pena estar más tiempo porque a partir de ahí no rindo. Así que me bajé para contemplar el barrio en plena ebullición. Me fui al bar, me pedí un café y ¡bingo!: el periódico estaba libre. Salvo por una familia súper numerosa de las de abuelos, padres, amigos de los abuelos y niños correteando, el ambiente era soportable, sólo alterado por risotadas de las susodichas abuelas y por los corrimientos de sillas de los críos ante la pasividad de los padres.

Más tarde acudí al súper para agenciarme una menestra riojana que consumí a la hora de la comida: deliciosa. Pero antes de eso me fui a otra cafetería mucho más tranquila y al parecer no descubierta por la mencionada familia de antes. Estuve cerca de una hora leyendo “La mano izquierda del diablo”, una policíaca de Paolo Roversi que el autor me dedicó en su día en la presentación que tuvo lugar en“Estudio en Escarlata”. Una buena novela no tiene que ser de una gran editorial ni de un autor conocido, es lo que le pasa a ésta. Hay que aplaudir la iniciativa de “Vía Magna” que, últimamente, está publicando muy buenas novelas policíacas de autores no conocidos.

Pues lo que decía, al subir a casa aliñé la menestra con un poco de sal y aceite, de escándalo. Luego eché las dos horas reglamentarias de siesta de sábado. Al despertar, pues lo típico, otro café y otro cigarrito. Y vuelta a escribir mi novela. Después, tomé la línea 5 del Metro con dirección a la Gran Vía con la de Roversi bajo el brazo, el Metro sigue siendo un buen lugar para leer. Había quedado con mis amigos Pilar y Jorge, algecireños, buenos médicos y mejores amigos. Habían venido a Madrid a hacer un examen y estaban que se caían de sueño. Bueno, pues de tranquis, de forma que les llevé a la calle San Bernardo a enseñarles “El paraíso del jamón” que es un museo del buen fiambre, que decimos aquí, o de las buenas chacinas, que dicen en Algeciras. El bocata de jamón de bellota acompañado por el buen Rioja que pusieron frente a mi feliz rostro, extático ante tal visión, no tiene precio. Como tampoco tuvieron desperdicio las horas que pasé charlando con mis dos buenos amigos, hábiles conversadores y dos muestras vivientes del mejor humor algecireño. Espero volver a verles pronto, quizá allá por diciembre pase por Algeciras. Echo de menos el montadito en la Brujidera, los pinchos de Lizarran, el cafelito en Montes y el airecito del Hurricane que, por cierto, es donde comienza mi cuarta novela.

El esperpento en la crisis del Alakrana, de Paco Gómez


Sólo me alegraré de una cosa en la resolución de la crisis del Alakrana según el criteriode nuestro gobierno: de la liberación de los pescadores y del fin de la angustia de ellos y de sus familias. Pero no puedo estar contento por nada más. Resulta que nos tenemos que ir a pescar donde Cristo perdió el mechero porque hemos esquilmado nuestros mares. Pero de ahí a que una banda de macarras con kalashnikov y lanzagranadas secuestren a los trabajadores que van en los barcos media un abismo. Primero, si se pesca en aquel caladero es porque los países que ponen allí a sus pesqueros pagan una millonada, no sale gratis. Por tanto, según la legalidad internacional, los barcos están allí con plenos derechos. Y segundo, un barco con estandarte español en alta mar es territorio español, cosa que estos tíos de los fusiles se pasan por el forro de sus caprichos, avalados por sus abogados londinenses cuyos bufetes se están forrando con los rescates.

Creo que ningún gobierno debería permitir el abordaje de sus pesqueros y me parece de sentido común el que en los barcos vayan militares armados hasta los dientes, ya que los secuestradores no son hermanitas de la caridad. Para eso y para otras cosas está el ejército. Creo también, que un gobierno no debería ceder al chantaje de estos tipos y que debería resolver militarmente todos los secuestros que se produjeran. Con esta gente de los lanzagranadas no hay nada que hablar.

Particularizando en el caso español, resulta particularmente esperpéntico el lío que están montando con los dos secuestradores detenidos por la Armada y actualmente custodiados por nuestro Sistema Judicial, independiente, como en cualquier país democrático que se precie, de los poderes legislativo y ejecutivo. Pues resulta que ahora nuestro gobierno pretende meter la zarpa en nuestra Justicia porque no sabe cómo devolver a los detenidos a los secuestradores que están demandando el regreso de sus compinches como parte del rescate. Estos dos delincuentes deberían ser juzgados y, si son culpables, condenados.

Si cedemos a los chantajes mañana nos volverán a hacer lo mismo. E insisto, teniendo ejército como tenemos, se debería montar una operación para rescatar el Alakrana. Y mientras persista la actitud de estos desalmados piratas, los soldados deberían proteger nuestros barcos y, en general, cualquier interés español en el extranjero. A ver si empezamos a ser serios.

jueves 12 de noviembre de 2009

Respecto a los comentarios

Este es un blog que abrimos dos amigos para dar rienda suelta a nuestras inquietudes comunes respecto a Literatura. Básicamente cultivamos dos géneros: la poesía y la columna periodística. Se habilitó la opción de que los posibles lectores hicieran comentarios respecto a lo que escribimos, que puede gustar o no. Se admiten críticas, tanto positivas como negativas. Lo que no se admiten son referencias personales hacia nosotros ni por supuesto insultos. Tampoco proclamas políticas. Este es un blog literario e insisto, puede gustar o no. Pero lo que no es admisible es que haya gente que utilice los comentarios para sus propios intereses. Quien quiera expresar otras cosas distintas a las que aquí se tratan que se abra un blog. Somos demócratas convencidos, no entendemos cualquier otro sistema de gobierno. Pero ser demócrata no es sinónimo de ser tonto. Por tanto, seguiremos borrando los comentarios que no tengan que ver con el espíritu del blog.
A nuestros lectores, gracias. A los que no tienen otra cosa que hacer que poner gilipolleces en los comentarios y que se las dan de demócratas cuando lo que son es tiranos, ya que persisten en creerse que esto es suyo para decir lo que les viene en gana, que se abstengan, porfa. Repito, esto es un blog literario. Y si como consecuencia de su persistencia en querer jodernos el blog hay que eliminar la opción de los comentarios, pues se hará. Desgraciadamente, si llega ese momento, serán ellos los que estén coartando nuestra libertad de expresión y la de nuestros lectores.
Un saludo.

Virtudes Reza y Paco Gómez.

martes 10 de noviembre de 2009

Agravios comparativos en divorcios, de Paco Gómez

El Sistema Judicial Español se deriva de una dictadura de cuarenta años y, en algunos casos, hay leyes vigentes anteriores al periodo mencionado. Otras, afortunadamente, han cambiado. Ni qué decir tiene que tanto en la república como en la dictadura, la situación de la mujer no era la más adecuada. No había igualdad con respecto al hombre, hecho que, afortunadamente, ha corregido la democracia. Hoy, la mujer tiene los mismos derechos que el hombre, al menos teóricamente. Y, en algunos casos, tiene más, lo que ya no me parece tan adecuado. Antiguamente la mujer se casaba y, en la mayoría de los casos, dejaba el trabajo para entregarse al cuidado de los hijos y del marido. Era lógico pues, que las leyes protegieran a las féminas en caso de separación con pensiones compensatorias y por hijos.

Pero actualmente los hábitos han cambiado. Tanto el hombre como la mujer estudian y trabajan, desarrollándose ambos como personas. Y, sin embargo, cuando hay divorcio, es el hombre el que se queda sin casa, sin hijos y sin la mitad o más de su sueldo, hecho a todas luces injusto.

La mujer se queda con la casa en más del 95% de las sentencias y, por tanto, también con la custodia de los hijos. En 2008 unos 80000 hombres abandonaron su hogar al divorciarse y el 80% no pudo pagar una vivienda nueva, terminando en pensiones, en casa de sus padres o en campings.

Pongamos un ejemplo: un hombre cuyo salario sea de 2000 euros (que no todos ganan eso) y que tenga que pagar la mitad de la hipoteca del piso en el que ya no reside, pongamos 500 euros. Que además tenga 2 hijos y que tenga que pagar 400 euros por cada uno de ellos. Si obviamos la pensión compensatoria, este hombre dispondría de 700 euros para subsistir.

Según están las cosas, un divorcio tiende a ser un premio para la mujer y un castigo para el hombre que, desde luego, pierde automáticamente el derecho a ser feliz con otra pareja en una casa nueva. Sencillamente, no puede volver a rehacer su vida. Y si la rehace, más vale que no tenga más críos y, desde luego, que ni se le pase por la cabeza volver a divorciarse.

viernes 6 de noviembre de 2009

Siento, de Paco Gómez



Siento que el fuego me devora desde dentro,
que llevo conmigo mi incendio interior,
sin embargo mi semblante está frío,
como mis pensamientos.

Siento que me ahogo,
que tengo que pararme para respirar,
el agobio me pesa como si fuera plomo,
y mis ideas están heladas.

Siento que me muero,
he agotado las lágrimas
y no tengo más capacidad de sufrir,
ni memoria a la que esquilmar un último recuerdo.

Siento que me desvanezco,
que la rosa de mi pecho se ha marchitado,
que mi cerebro está yermo,
y mi cuerpo cansado.

Siento la luz y la oscuridad
y también siento la nada,
Dios no existe,
ni existe tu mirada.

Siento una pena muy grande,
de rosas despedazadas,
ya no quiero ver a nadie,
quiero escuchar a la nada.

jueves 5 de noviembre de 2009

¿En manos de quién estamos? De Paco Gómez

Ayer me ocurrió algo curiosísimo. Resulta que andaba con el ordenador después de desayunar y, a la vez, escuchando la radio. Y de repente escucho a un tipo, al que estaban entrevistando, hablar de Educación. Enseguida me di cuenta de que, al menos, profesor no era. Y de que nunca había estado cerca de un instituto de secundaria. Era obvio, por las insensateces que decía. Hablaba de que la Educación tenía que ser menos rígida. “¿Menos rígida?”, pensé. Pero si nunca ha sido menos rígida que ahora. Si los profesores han ido perdiendo autoridad con las sucesivas reformas hasta ser casi monigotes a los que nadie hace caso.

Pensé que el que hablaba sería un pedagogo de los que se les llena la boca de términos ininteligibles, de los que cambian las palabras “temario” por “currículo” o “asignatura” por “módulo” y se creen que han descubierto América.

Total, que me fui cabreando paulatinamente según iba siguiendo el hilo de las elucubraciones del tipo que hablaba de “diversidad”, término tan de moda y que obvia que todos los alumnos deben ser iguales a la hora de hincar los codos. Siempre hay alumnos a los que les cuesta más, siempre los ha habido y siempre se les ha ayudado un poco más, a pesar de que no existían conceptos como “atención a la diversidad”. Pero eso sí, no se les regalaba el título como ahora. Yo recuerdo exámenes míos en los que te suspendían por tener cinco faltas de ortografía aunque lo hicieras “de diez” en contenidos. Era una medida que, como te interesaba aprobar, servía para que al final corrigieras el tema de la ortografía. Plantear una cuestión como esta en los tiempos que corren significa que te tachen de retrógrado y de causar no se cuántos traumas al niño. Desde luego si se hiciera esto ahora mismo no aprobaría nadie.

Luego, el tipo de la radio, justificaba que en Cataluña se dieran más horas de catalán y menos de español, más o menos. En definitiva, que cada autonomía hiciera lo que quisiera en función de sus santas competencias autonómicas que, según demuestra la realidad educativa, nunca debían haber sido transferidas. La Educación es uno de los temas más importantes que tiene un país y nunca habría que dejar a cada autonomía a su bola. Es evidente y de sentido común que cada alumno debe aprender su lengua autonómica pero no en detrimento de la lengua española.

Y, por fin, el tipo, alababa la medida lanzada en forma de globo sonda de alargar la obligatoria hasta los 18 años, cuando todo profesor sabe que parte de los problemas de la Enseñanza Pública es la obligatoriedad hasta los dieciséis. Adolescentes que ya no quieren estudiar a los doce y obligados a permanecer en los institutos cuatro años más reventando clases y pasillos. Pues venga, ahora hasta los dieciocho y como repetirán más de dos veces, pues eso, angelitos de veinte campando a sus anchas. A ver quién es el guapo que les dice algo.

El cabreo se transformó en temblor de piernas cuando descubrí, por fin, la identidad del tipo que hablaba. Era el Ministro de Educación. Automáticamente se me vino una pregunta a la cabeza: ¿En manos de quién estamos?

martes 3 de noviembre de 2009

Pensamientos negros, de Paco Gómez


Carros de flores negras,
cubiertos de satén negro,
avanzando por caminos tortuosos,
vislumbrando paisajes marchitos.

El aire pesa y huele a azufre,
no existe el tiempo,
sólo desolación
y procesión de almas negras.

El horizonte se pierde
en cielos sin estrellas,
hay ríos secos
y montañas romas.

Hay quejidos,
que atraviesan mis oídos,
y que hieren mi alma,
cansada de caminar.

No tengo nada,
no quiero nada,
sólo seguir caminando,
sin pensamientos.

Estoy muerto,
hace mucho tiempo,
no sé de silencios,
llevo conmigo el Infierno.

lunes 2 de noviembre de 2009

Jazmines Negros, de Virtudes Reza


Tradiciones de luto,
sombras de látigos,
en palabras que matan,
en fisuras abiertas,
memoria del dolor.

Luces que reflejan amor infectado,
cicatrices de venganza,
de ira revenida,
meditada,
guardada.

Pasado recurrente,
en manos reventadas,
en inocente presente,
de un futuro incierto.

Guiños de la melancolía gris,
de un otoño de flores sin aromas,
de jazmines negros,
de silencios que se desean.

José Luis López Vázquez, de Paco Gómez

Recuerdo una noche, cuando era un crío, en la que toda la familia estábamos reunidos ante el televisor de blanco y negro. No sé si íbamos o acabábamos de cenar. El caso es que estábamos expectantes debido a que habían anunciado que la programación iba a contar con algo que, sin llegar a ser película ni corto, nos iba a dejar impactados. Vi “La cabina”, de José Luis López Vázquez, y esa noche no pude dormir. A partir de ese momento, cada vez que pasaba por una cabina sentía una aprensión fuera de lo común. Y aún siendo adolescente, cada vez que llamaba por teléfono desde una cabina ponía el pie para que no se me cerrara la puerta.

José Luis López Vázquez se ha ido para siempre. Hacía tiempo que no estaba bien, ya lo pudimos ver en aquella gala de los Goya del 2004 en la que le premiaron por su carrera. Una trayectoria difícilmente igualable y un actor genialmente versátil, capaz de interpretar el papel más dramático, como el que protagonizó en “Mi querida señorita”, o ser un personaje de comedia hilarante, como el padrino de “La familia, bien gracias”. Pero es que también fue hombre lobo, ladrón de atracos a las tres o el terror de las suecas en las comedias de la transición. Por no hablar de sus papeles en innumerables en obras de teatro o apariciones televisivas.

No fue un galán, más bien parecía un señor normal de los que te encuentras en el Metro. Tampoco se vendía en las revistas del corazón. No le hacía falta ni una cosa ni la otra. Llevaba dentro lo que muy pocas personas tienen: arte y genialidad. Ni siquiera era hijo de actores. Era hijo de modista y de un funcionario que abandonó el hogar obligando a todos los miembros de la familia a buscarse la vida. Y perteneció a una generación a la que le tocó vivir la Guerra Civil y sus consecuencias.

Nos hizo reír hasta la extenuación y también llorar. Hasta nos hizo pasar miedo. Nos hizo experimentar todas las sensaciones que diversos tipos de actores hacen sentir a su público. Pero él sólo era uno, un actor polifacético dotado con un don, el de interpretar cualquier tipo de papel en cualquier época y lugar.

Gracias, amigo. Y..., buen viaje.

Ágora, de Paco Gómez

En España tenemos directores de cine muy buenos. Pero, en mi opinión, hay dos que son genios. El primero es Pedro Almodóvar, surgido de las profundidades de Castilla La Mancha para aterrizar en plena Movida Madrileña. Y el segundo es Alejandro Amenábar, con su inseparable Mateo Gil, que dejó a todos boquiabiertos con “Tésis”, su ópera prima, y a mí particularmente con “Abre los ojos”, que me pareció obra maestra. A partir de ahí su trayectoria se salió del perímetro del mapa nacional y se consagró internacionalmente con “Los otros”. A ninguno de sus admiradores se nos ocurrió que su próximo estreno sería una película épica y es entonces cuando nos ha sorprendido con “Ágora”.

Bien es cierto que cada vez voy menos al cine. Ya no me gusta tanto como antes el que te pongan el aire acondicionado en octubre, las toses de la gente, las pataditas en los respaldos de los asientos y los ruidos de palomitas y patatas fritas. Además la gente ya no es tan educada y se ponen a hablar cuando no suena un móvil. Pero, el caso es que ayer me aventuré, volviendo a experimentar todas esas “molestias” ya comentadas, y la cosa mereció la pena. La dirección de la peli es magistral y la historia elegida viene muy a propósito en los tiempos actuales en los que la intolerancia está muy lejos de desaparecer.

La película cuenta la historia de Hipatia de Alejandría, una filósofa neoplatónica que nace en la segunda mitad del siglo IV en un mundo dominado por hombres y por el auge de la religión cristiana, convertida ya en religión del Imperio. Hipatia dedicó su vida a investigar el Cosmos y a profundizar en las enseñanzas de los filósofos griegos. Pero quizás lo más interesante es su faceta de profesora. Enseñó tanto a esclavos como a hombres libres, tanto del ámbito cristiano como del pagano, que más tarde ocuparon altos cargos en la administración civil y en la religiosa. Ella sólo creía en la Filosofía, que entonces englobaba todas las ciencias. Y era inteligente, lo que provocó envidias y le condujo a la muerte, por lapidación en la película, y desollada o muerta a golpes en la realidad y paseados sus restos por la ciudad para escarnio público.

Con un metraje aproximado de 2 horas, la película se hace corta. Alejandro denuncia la intolerancia y es original que los cristianos aparezcan como “malos” cuando en la mayoría de las películas épicas aparecen como mártires.

Pero decía yo que el tema ni es nuevo ni está erradicado. Y si no, que se lo pregunten a las familias de las mujeres que actualmente mueren todavía lapidadas por la intolerancia de algunas sociedades.

No suena, de Virtudes Reza

No suena el eco de tu voz,
ni el eco de tu presencia,
ni el eco de tus palabras,
y la noche es oscura,
y es silenciosa,
y no siento el abrigo,
de las sábanas,
ni siento el abrigo de susurros.

No suena la brisa,
ni las miradas de vida,
de corazón,
y el alma está triste,
porque no quiere olvidar,
y está triste porque no quiere estar en soledad.

No suena el tren de la vida,
el que nos da fechas de futuros inciertos,
y llena de esperanza nuestras manos,
y nuestro caminar.

No suena el río de sonrisas,
ni el río amigo,
ni suena el murmullo del pensamiento,
ni la resaca de los besos,
ni el aroma de la piel.

No suena la nada,
ni lo eterno,
ni el gentío,
ni el mar,
ni la tierra,
no suena el presente,
ni el ayer,
sonámbulo de recuerdos.

No suena el te quiero sin medida,
ni los sentimientos desbordados,
en auroras perdidas,
ni suenan ya los miedos,
que acumulan resentimiento añejo.

No suena el tiempo,
ni las hojas del otoño,
ni la lluvia sobre cristales rotos.




domingo 1 de noviembre de 2009

Sentido común en la Enseñanza, por favor, de Paco Gómez

Hace unos días, tras una reunión de departamento, un compañero nos anunció que deja la Enseñanza. Tiene 58 años y le quedan dos para jubilarse, así que ha pedido excedencia y va a estar estos dos años con el taxi que le deja su cuñado. Dice que ya no aguanta más tonterías de los niños.

Cuando entré en esta profesión, hace ya más de diecisiete años, los compañeros se reenganchaban hasta los 70. Luego se empezaron a jubilar a los 65. Finalmente, aprovechaban la oportunidad que daba la Administración de jubilarse anticipadamente a los 60. Bueno, pues ya empiezan a marcharse antes. Y, de seguir así, esto no habrá quien lo pare.

La Enseñanza, al igual que algunas otras profesiones, siempre fue un trabajo vocacional. Pero actualmente el profesor entra en un aula y lo que se encuentra es un pequeño manicomio impregnado de gritos, con niños correteando y pegándose, obviando la presencia del profesor. Cuando finalmente éste logra “imponer” su existencia y se logra algo parecido al silencio para poder impartir la clase, se encuentra con un colectivo que en su mayoría no hace caso a las explicaciones y que adolece del más mínimo interés por las materias. Como se aburren, hablan o la montan, con lo que es bastante complicado avanzar. El perjuicio es para los que sí tienen interés y que no van a aprender porque no da tiempo a dar los temarios. Y las vocaciones de los profesores se van acabando, lamentablemente.

Gran parte del problema es la escolarización obligatoria hasta los 16 años. Hay niños que con 12 deciden no estudiar más, no es el primero que me lo dice. Sin embargo, están obligados a permanecer en los institutos hasta los dieciséis por el empecinamiento de los sucesivos gobiernos. Y en este contexto, al ministro no se le ocurre decir otra cosa que probablemente la obligatoriedad de estudiar se prolongue hasta los 18 años. Si van con esta necedad para adelante, el fracaso escolar se duplicará.

Los gobiernos siguen tirando el dinero de los españoles en mantener en el Sistema Educativo a niños que ya no quieren pertenecer a él y en libros gratuitos en Primaria y Secundaria que acaban pintarrajeados y rotos.

Habría que plantearse una Educación gratuita, incluso la Universitaria, pero no obligatoria. E invertir el dinero en gente que sepa aprovecharlo. Con eso se conseguiría quitar de en medio a todos los alumnos que con su comportamiento impiden que se den las clases y que los que sí quieren estudiar aprovechen el tiempo. Y buscar otras alternativas para aquellos que permanecen secuestrados en los institutos reventando lo que debería ser un normal funcionamiento de los Centros de Enseñanza. Y de paso, alguien podría tener el sentido común de reducir la E.S.O. y alargar el Bachillerato, uno de los más cortos del mundo.

jueves 29 de octubre de 2009

Esperpento educativo, de Paco Gómez

Anonadado me he quedado hoy leyendo un reportaje titulado "Sin leer ni escribir hasta los seis" en el diario "El País". Catedráticos y pedagogos vuelven a dar las directivas para que mejore la Educación. Es acojonante el empecinamiento de unos y otros en "inventar" nuevas formas de dar clase que van en la línea de las pautas sobre las que se han fomentado las sucesivas reformas educativas que nos han llevado a la cola de los informes elaborados por la OCDE y otros organismos internacionales. Resulta que ahora enseñar a los niños a leer y a escribir a temprana edad es malo, ya que se debería emplear ese tiempo en enseñarles a practicar "habilidades sociales" y no sé cuántas otras chorradas. Para partirse, vamos. Del reportaje he extraído un par de frases para enmarcarlas: "La enseñanza debe ser lúdica y tener en cuenta intereses y desarrollo del niño" y "Arrancar la clase con una asamblea".

Punto número uno: La Enseñanza ni es ni debe ser lúdica excepto por el placer que los contenidos de las diversas materias causen en los alumnos. Al colegio se va a aprender y para aprender hay que estudiar. Y retener los conocimientos implica un esfuerzo y un compromiso por parte de padres, profesores y alumnos. Los intereses y el desarrollo del niño deben ser los que marque la ley, no los que el niño diga. No olvidemos que los críos no son adultos. Ya les tocará decidir cuando cumplan la mayoría de edad. Mientras tanto, deben seguir las pautas impuestas por los profesores, que son los que entienden de esto.

Punto número dos: Lo de que hay que empezar la clase con una asamblea es lo que me quedaba por oír. O sea, que según los expertos hay que transformar la clase en una especie de comuna y decidir lo que se va a hacer de forma democrática. Pues apañados estamos. Ni la enseñaza ni la educación deben ser democráticas porque la cosa se viene abajo. Si los niños hacen "democráticamente" lo que les da la gana en casa luego intentan hacer lo mismo en los institutos y más si en los mismos se les da alas. Así está la Educación y me temo que vamos a peor.

Y mientras desaprensivos como los que opinan en el reportaje campen a sus anchas y sean los encargados de las reformas iremos bajando puestos en los informes internacionales hasta acabar los últimos. Toda esta gente tienen algo en común: Nunca han pisado un aula de secundaria. Pero sin embargo se permiten el lujo pronunciar las lindezas que se les ocurren.

Lo de que hay que revestir a los profesores del rol de autoridad pública está fuera de toda duda. Hace dos días han agredido a otro docente en Vallecas. Y aquí no pasa nada. Cuando un profesor entra a un aula de E.S.O. se encuentra a todos los niños gritando y correteando por los pasillos. Y su presencia no calma los ánimos de los alumnos, que siguen a su bola. Se tiene que dedicar a gritar él también y a golpear la mesa y sí, en el mejor de los casos consigue algo que en nada se parece al silencio total ni a la atención de todo el colectivo. Últimamente no se terminan de dar los temarios (perdón, currículos en terminología LOGSE) porque no se puede. Los pocos niños que vienen educados desde casa y que quieren aprender no prosperan porque el resto de compañeros no les dejan. Los críos vienen a las aulas con unos egos como catedrales y se permiten el lujo de discutir a los profesores hasta su forma de dar las clases. Si algún docente decide expulsar al alumno de clase tiene que pensárselo mucho porque puede acabar siendo insultado o agredido (no hace mucho a una profesora le tiraron una mesa por expulsar a un chaval).

Señores políticos, reformen la Educación. Pero pregunten a los profesores, que son los que verdaderamente entienden, y déjense de pedagogos y lumbreras apoltronados en cátedras que no tienen ni idea de qué va esto.

lunes 26 de octubre de 2009

No todo vale, de Paco Gómez

A veces me pregunto si no asistimos al declive de la civilización. ¿Por qué no? Antes cayeron Persia, Mesopotamia, Egipto, Roma... y tantos otros. Lo digo por la gilipollez nacional de la telebasura, por el desastre en Educación y por la homogenización de las costumbres absurdas instauradas. ¿Para qué sirve un Gobierno si no regula un poco? Que el mundo se rige por el dinero y que si adoleces de él te conviertes en un bulto sospechoso queda fuera de toda duda. Pero no todo debería valer para forrarse y para hacer funcionar la Economía de Mercado. Y sobre todo, es llamativo lo de la televisión. He terminado por no ver las generalistas ante la falta de programas interesantes. Ya ni siquiera los telediarios que son incapaces de salirse del guión que alguien desde la sombra debe marcar, porque si no, no se entiende que en todos den las mismas noticias obviando otras.

En cada salón de cada familia hay un televisor. Y la televisión influye decisivamente en las líneas de pensamiento de cada uno. El invento es genial pero el uso que de él se hace es deplorable. Nos meten programas que no interesan en absoluto pero que, al parecer, acaban interesando mucho porque tienen las mayores audiencias. Antes había periodistas del corazón. Pero es que ahora, cada programa, mete su sección del corazón, llenando la pantalla con personajes absurdos y vacíos que no tienen nada que decir y que sin embargo no paran de hablar y de chillar. Y lo que es peor, crean ídolos de barro que acaban siendo referentes para niños y jóvenes que aspiran a ser belenes estéban o lekios. ¿Dónde han quedado programas como “La clave”? Sencillamente, han desaparecido.

La telebasura es nociva y, como tal, debería estar regulada. No aporta nada, ni intelectual ni humanamente. Convierte a gente sin oficio conocido, incultos, mezquinos y caraduras en referentes nacionales de ciudadanos que, estoy seguro, ven esos programas porque no hay otra cosa en la televisión. Desde luego, en ciertas franjas horarias copan las programaciones. Y no me vale el argumento de que a la gente le gusta eso y no otra cosa. Nunca como ahora se han publicado más libros, ni ha habido tanta oferta de cine y de teatro, ni ha habido tantas webs con contenidos interesantes, será por algo.

Luego nos quejaremos de que escasean los médicos y los arquitectos y de que estamos a la cola en Educación. Arreglen las cosas, señores políticos. Trabajen, que para eso cobran. Regulen las programaciones y reformen de una puñetera vez la Educación. Porque..., no todo vale.

domingo 25 de octubre de 2009

El rey de Algeciras, de Paco Gómez

Una de las cualidades que tiene este Madrid es la de albergar salas de Teatro a tutiplén. La oferta, que es variada, va desde los principales teatros privados a los teatros de los barrios y distritos. Compañías profesionales, compañías de aficionados, funciones subvencionadas, da igual, el caso es que cada día una pléyade de actores se sube a las tablas y entregan todo lo que tienen, para goce y disfrute del público.

Ayer estuve en el Teatro Bellas Artes. Llamó mi atención el título de la obra: “El rey de Algeciras”. Y claro, habiendo vivido tantos años en esta ciudad y llevándola en el corazón, pues fui a ver la función. Al recabar información sobre el autor y los actores me encontré con que la obra ha sido escrita por Juan Alberto Salvatierra, algecireño, que no tengo el gusto de conocer, pero al que hoy conozco un poquito más por el contenido de su obra cuya puesta en escena resultó espectacular.

Juan Alberto retrata magistralmente una parte de esa Algeciras de la que nadie se enorgullece pero que está ahí. La obra enseña la marginalidad, común por otra parte, a todas las ciudades que tienen puerto pero con las singularidades algecireñas: ser la punta meridional de Europa y la puerta a Europa de África. Y con problemas tan definidos como la droga, la miseria y la inmigración.

La obra transcurre en el puerto a través de siete personajes arquetípicos que cualquiera puede encontrarse discurriendo por el Paseo Marítimo o por el propio puerto. Podrían ser más, pero Juan Alberto elige a esos siete que cualquiera que se de una vuelta por la ciudad puede encontrarse fácilmente. Los dos borrachines, uno autóctono, hablador y filósofo, y el otro alemán, representando a esos guiris despistados que se han quedado por allí y que sin trabajo ni expectativas acaban dándose al alcohol y la droga; la pareja de la Guardia Civil, él tradicional y sabedor de las costumbres de la gente y ella lanzada y revitalizada por la autoridad del uniforme; el pescador que soporta la crisis y la falta de pescado en la bahía y que saca un sobresueldo trayendo inmigrantes ilegales en su barco y su mujer, prostituta y enganchada a la heroína; y el inmigrante marroquí que trafica con pequeñas cantidades de hachís y que sueña con obtener su propio barco para forrarse con el tráfico de compatriotas.

Los actores, pertenecientes al Centro Andaluz de Teatro, estuvieron de diez, muy metidos en los personajes y dando realismo a la obra con sus actuaciones que no adolecían ni del típico acento algecireño al hablar. Al término de la función tuvieron que salir al escenario al menos tres veces para recibir los merecidos aplausos del público puesto en pie. Y bien que se lo merecieron Aníbal Soto, Marisol Membrillo, Manuel Monteagudo, Miguel Zurita, Olga Salut, Sergio Domínguez Parreño y Salvador Reina.

Juan Alberto Salvatierra nace en Algeciras en 1978 y es director, actor, dramaturgo, diseñador y técnico de iluminación. Ha estrenado las siguientes obras de su autoría:

  • 60 obras de 1 minuto de 60 autores dramáticos andaluces, proyecto coordinado y dirigido por Alfonso Zurro y estrenado en la ESAD de Sevilla en 2006.
  • Puertas cerradas, escrito junto a Gracia Morales y Antonio Hernández Centeno, estrenada en Jaén en 2005.
  • La orilla perra del mundo, texto de varios autores coordinado por José Sanchis Sinisterra estrenado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2005.
  • Desde fuera, estrenada en el Institut del Teatre de Barcelona en 2005.
  • Sobresalto, estrenado en la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga en 2004.
  • El rey de Algeciras, producido por el Centro Andaluz de Teatro (CAT) y estrenado en 2003 en el Teatro Central, Sevilla.
  • Por feo, estrenado en el Teatro Principal de Chiclana en 2000.

Enhorabuena.