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martes, 19 de enero de 2010

Esperpento en la Universidad de Sevilla, de Paco Gómez


Hay días en los que casi llego a convencerme de que en este país ya no caben más tontos, de que el aforo para majaderos es finito y limitado y que el sentido común tiene que acabar imponiéndose ante tanto despropósito. Pues no, siempre cabe alguno más. Una cosa es garantizar derechos y libertades y otra hacer el canelo. A los profesores nos han ido robando poco a poco, pero a piñón fijo, el prestigio y la dignidad. Y aquí no pasa nada, nadie protesta, sólo cuatro gatos a los que, generalmente, se nos tilda de reaccionarios.

Resulta que algún iluminado de la jerarquía universitaria sevillana se levantó un día con el ánimo de innovar, con el afán de ser protagonista, con la voluntad de ejercer su condición de “tonto peligroso”. Y a este Séneca se le ocurrió elaborar una normativa sobre el proceder de los profesores que están examinando a los alumnos. Ahora, si un profesor pilla a un alumno copiando, podrá requisar la chuleta, pero deberá permitir que el tramposo siga haciendo el examen. Después, una comisión docente compuesta por tres profesores y tres alumnos decidirán si el examen está aprobado o no. Para rizar el rizo, si el alumno está copiando a través del teléfono móvil, el profesor no podrá requisárselo por contener el artefacto datos personales.

Bien, pues con esta medida se termina de dar la puntilla a la autoridad del profesor y se favorece al alumno defraudador. Los propios alumnos hispalenses, ayer mismo, cuando los periodistas les preguntaban micrófono en mano su opinión respecto a la medida, se partían de risa. No es para menos, a quién se le ocurre semejante esperpento. Sólo a un tonto, de los muchos que hay en las universidades, con títulos pero memos. ¿Cuándo se darán cuenta todos estos cantamañanas de que la educación no puede ser democrática? ¿Cuándo caerán en la cuenta de que en el aula debe mandar el profesor y de que no se pueden tomar decisiones por sufragio universal? Nunca, visto lo visto.

En Educación no hace falta otra reforma, hace falta una revolución desde Primaria hasta la Universidad. Habría que revisar minuciosamente los cargos y sustituir defacto a los tontos por personas sensatas.

Precisamente en estos días el PP ha presentado una serie de medidas para reformar la Secundaria. La idea está bien pero se quedan cortos. Habría que reducir la ESO dos años, no uno como pretenden, y aumentar el Bachillerato en dos. Los niños deberían permanecer en los colegios hasta los catorce y no llevarlos a los institutos a los doce en connivencia con enseñanzas de FP y Bachiller que nada tienen que ver con los estudios que ellos realizan y que no genera otra cosa en los niños que desorientación. Y a partir de los catorce, la enseñanza debería seguir siendo gratuita pero no obligatoria, y acabar con el secuestro de miles de adolescentes en huelga de brazos caídos entre las paredes de un instituto. Y desde luego, no se debería promocionar por imperativo legal, como ahora.

¿Es tan difícil ver esto? Pues parece ser que sí. Desde luego, con medidas como la tomada en la Universidad de Sevilla, batiremos un record: aparecer en todos los informes internacionales de Educación, no como penúltimos o antepenúltimos, sino como los últimos de la lista. Nos lo estamos ganando a pulso. ¡Ya está bien, hombre!

1 comentario:

sue dijo...

Vaya, no conocía esa medida, pero como bien dices, en este país siempre cabe algún tonto más. Sobre todo en materia de educación (qué ironía).
Lo has definido estupendamente: esperpéntico (aunque si Max Estrella levantara la cabeza...ay!)

Un saludo.